Persona maldita y sin corazón: el dolor del hijo del peón rural y un desesperado pedido de justicia

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Luego de que la Fiscalía revelara detalles de la acusación contra Omar Llaipen (66), imputado como autor del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, por el crimen del trabajador rural Pedro Segundo Quilodrán (43), el hijo de la víctima publicó un mensaje en sus redes para reclamar justicia.

“Que pague la persona maldita, sin corazón y sin conciencia. La persona que nos sacó a nuestro papá, nos dejó esperando verte de nuevo, recibir tus mensajes y llamadas, sin tener tu presencia día a día, papi. Dejando un dolor en nosotros, un vacío al sacarnos a nuestro papá. Solo queremos justicia”, exigió “Pedrito” Quilodrán, hijo del peón rural asesinado el 16 de marzo de 2025 en una estancia ubicada a unos 50 kilómetros de la localidad de Ricardo Rojas.

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Según la acusación fiscal, ese día, alrededor de las 20, Quilodrán fue asesinado de un disparo efectuado con un rifle calibre 22. El peón había sido contratado por un productor ganadero para buscar y arrear yeguas y caballos salvajes. Esa mañana se despidió de su esposa y de uno de sus hijos, que lo acompañaron hasta el campo y lo esperaban en la vivienda del empleador.

Durante la jornada, Quilodrán trabajó junto a otros tres compañeros en la búsqueda de la bagualada. Al caer la tarde, circulaba en una motocicleta tipo cross intentando rastrear a los animales. El recorrido lo llevó por una zona sin delimitación clara dentro del campo donde reside Llaipen.

Los investigadores sostienen que el imputado utilizó un rifle con mira telescópica y, desde una distancia estimada entre 10 y 50 metros, efectuó el disparo. La autopsia determinó que el proyectil impactó en el lado derecho del tórax de la víctima, provocándole la muerte. Tras el hecho, el acusado habría dejado el cuerpo tendido en el terreno y regresado al casco de la estancia, donde encendió la cocina a leña y esperó hasta el día siguiente.

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La confesión y la amenaza

Los compañeros de Quilodrán lo habían visto por última vez alrededor de las 18.30. Al no tener noticias suyas, lo buscaron hasta la medianoche. A la mañana siguiente retomaron el rastrillaje y, desde una camioneta, uno de ellos divisó la moto mediante el uso de binoculares. Al acercarse, encontraron el cuerpo sin vida.

Mientras personal policial y sanitario de Ricardo Rojas intervenía en el lugar, Llaipen llegó caminando hasta el sector donde estaba el cadáver. Allí protagonizó una escena que ahora forma parte central de la acusación: “Yo le pegué un tiro en el pecho con una carabina”, manifestó ante los presentes. Además, se dirigió a uno de los peones y le advirtió: “Y vos, cuidate, porque te va a pasar lo mismo”.

La fiscalía considera que la conducta posterior al disparo, sumada a la amenaza directa, refuerza la gravedad del hecho que ahora será ventilado ante un jurado popular en Sarmiento, en el marco de un proceso que podría derivar en una condena a prisión perpetua si se confirma la calificación legal.

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