El consumo anual por habitante de carne vacuna ha descendido significativamente en la última década, pasando de más de 60 kilos a menos de 45, en un contexto marcado por la evolución de precios y salarios.
El consumo de carne vacuna en Argentina muestra una tendencia descendente sostenida. Según los datos disponibles, el consumo anual por habitante, que superaba los 60 kilos hace una década, se ubica actualmente por debajo de los 45 kilos.
Analistas señalan que esta variación está vinculada a la evolución de los precios relativos, donde el encarecimiento de la carne ha superado, en términos interanuales, al promedio general de la inflación. Este fenómeno impacta directamente en la composición de la canasta básica familiar.
Frente a este escenario, muchos hogares ajustan sus hábitos de consumo, optando en ocasiones por proteínas alternativas. Este cambio no responde necesariamente a una modificación cultural o preferencial, sino principalmente a factores económicos.
Paralelamente, el sector cárnico ha incrementado sus volúmenes de exportación, encontrando en el mercado externo un dinamismo que contrasta con la retracción del consumo interno. Esta situación plantea un escenario complejo para la cadena productiva nacional, que históricamente tuvo al mercado local como su principal sostén.
La menor demanda interna afecta a los distintos eslabones de la cadena, desde los productores hasta los frigoríficos, en un contexto de márgenes comerciales ajustados. La evolución de este indicador es observada por economistas y especialistas como un reflejo de las variaciones en el poder adquisitivo y la actividad económica general.
