VMOS: la terminal de Punta Colorada exportará crudo de Vaca Muerta desde 2027

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La terminal del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) en Punta Colorada, Río Negro, recibirá crudo desde Allen, lo almacenará en tanques de 750.000 barriles y lo despachará por dos monoboyas en el Golfo San Matías. El llenado del sistema comenzará entre enero y febrero de 2027 y el primer buque de exportación saldría entre marzo y abril, según informaron responsables técnicos de YPF y VMOS.

El crudo de Vaca Muerta que llegue a Punta Colorada, en la costa de Río Negro, recorrerá un circuito de filtrado, medición, almacenamiento y bombeo antes de subir a los buques por dos monoboyas instaladas en el Golfo San Matías, según explicaron esta semana en la obra los responsables técnicos de YPF y de Vaca Muerta Oil Sur (VMOS). La terminal, con un avance superior al 85%, tiene prevista su terminación mecánica y la puesta en marcha de la primera etapa para el 31 de diciembre de 2026, mientras que Gustavo Chaab, CEO de VMOS, ubicó el primer buque de exportación en marzo de 2027 “como fecha temprana y abril como fecha segura”.

La terminal es el último eslabón de un sistema que arranca en el Hub Core de Vaca Muerta, sigue por el ducto VMOC de 128 kilómetros hasta la cabecera de bombeo de Allen y desde allí recorre los 437 kilómetros del VMOS, con la estación de bombeo de Chelforó ya completada, una segunda estación en ejecución y una tercera prevista para las ampliaciones. A diferencia de una planta de GNL o una refinería, en ese trayecto el crudo no atraviesa ningún proceso técnico complejo, algo que Gustavo Gallino, vicepresidente de Infraestructura de YPF y presidente de VMOS, resumió así: “Ponemos petróleo en una punta y sacamos petróleo en la otra”. Para el directivo, la complejidad del proyecto no es técnica sino de escala, y por eso la obra se sigue sobre una maqueta electrónica que permite detectar en tiempo real atrasos o faltantes de materiales.

El ducto ingresa a la terminal por el norte, donde una trampa de scraper recibe los cilindros que se envían desde Allen cada 15 o 20 días. Chaab detalló que algunos de esos dispositivos, conocidos como “chanchos”, limpian la cañería y otros llevan sensores de ultrasonido que miden el espesor del caño para detectar si hace falta algún refuerzo. Luego, el crudo pasa por filtros, atraviesa una unidad ULACT de medición y toma de muestras, que fiscaliza cantidad y calidad y devuelve al sistema el producto fuera de especificación, y recién después llega a los tanques.

Cada uno de los tanques de almacenamiento mide 30 metros de alto, el equivalente a un edificio de diez pisos, y 83 metros de diámetro, con una capacidad de 120.000 metros cúbicos, unos 750.000 barriles. “Un tanque es un día de producción de hoy de Vaca Muerta”, graficó Chaab. Antes de habilitarlos, explicó Mauricio Aguilera, jefe de construcciones de YPF, cada tanque se llena con agua de mar durante 24 horas para verificar que no tenga asentamientos fuera de la tolerancia que fija la norma, y después los bomberos de Sierra Grande lo lavan con agua dulce para eliminar el salitre. La primera etapa requiere dos tanques operativos para exportar 180.000 barriles diarios, y hacia fines de 2027 habrá cinco o seis para alcanzar los 550.000.

Toda la operación se manejará desde una sala de control, todavía en construcción, donde dos operadores trabajarán las 24 horas en turnos rotativos de 12 horas: uno a cargo de la recepción y el almacenaje y otro del despacho. Desde allí se arrancan y frenan bombas, se abren y cierran válvulas para cambiar de tanque y se controla el caudal de entrada y salida, con un esquema que busca operar con la menor cantidad de bombas posible para optimizar el consumo eléctrico. Un centro de seguridad contiguo monitorea las cámaras perimetrales y la traza del ducto, que está acompañada por un tendido de fibra óptica desde Allen hasta las monoboyas. Según Chaab, en la operación normal el ducto se controla desde Allen y el conjunto se coordina desde Buenos Aires.

Del tanque a la monoboya

Para la exportación, el crudo sale de los tanques, pasa por un segundo filtrado y llega a las cinco bombas de despacho, que lo envían a una segunda unidad ULACT, la que hará la medición fiscal de cada embarque. Gonzalo Alconada, gerente de proyectos de YPF, indicó que los equipos ya están montados y que las bombas están en etapa de prueba, y señaló que el principal desafío pendiente es el tendido de cables de potencia y control y su conexionado con la sala de control.

Desde la terminal terrestre parte un ducto enterrado de 7 kilómetros hasta la costa, donde se ejecuta un cruce de 700 metros por perforación horizontal dirigida, la misma técnica utilizada para atravesar el río Negro. Leandro Loguzzo, gerente de proyectos de YPF para la obra marina, precisó que el punto más bajo del túnel queda a 22 metros bajo el lecho, que la perforación tiene un 75% de avance y que resta el último ensanche, de 54 pulgadas, que demandaría entre cinco y seis días. Bajo el agua ya están tendidos 8 kilómetros de cañería con recubrimiento de concreto, colocados entre el 22 de agosto y el 15 de octubre, que terminan en los PLEM, las estructuras submarinas que conectan el ducto con las boyas.

Las dos monoboyas, que se fabricaron en Emiratos Árabes Unidos y llegaron a principios de octubre después de las demoras por el conflicto en Ormuz, se descargaron en el puerto de San Antonio Este y serán remolcadas hasta su posición, a unos 2,5 kilómetros una de otra. Cada una quedará fijada al lecho por seis anclas con cadenas, instaladas en una campaña realizada en junio, y se conectará a su PLEM mediante dos mangueras submarinas de 24 pulgadas y 60 metros de largo, con holgura para acompañar el movimiento del mar. Loguzzo ubicó para diciembre la instalación de las mangueras flotantes y las pruebas finales.

Una vez operativa, la terminal podrá cargar hasta 1,2 millones de barriles por día: un buque de un millón de barriles se completará en unas 20 horas y uno de dos millones, en 40 horas. La elección del sitio responde, entre otras cosas, a la modificación de la ley que impedía actividades hidrocarburíferas en el Golfo San Matías, a la adhesión de Río Negro al RIGI y a la profundidad de sus aguas, que permite operar buques VLCC de dos millones de barriles, el doble de los que admite Bahía Blanca. Antes de ese primer embarque, los productores deberán inmovilizar alrededor de 1,5 millones de barriles para llenar el sistema, de los cuales unos 1,2 millones quedarán dentro del caño, en un proceso que Chaab estimó en 20 a 25 días para el ducto y un plazo similar para los tanques, con un horizonte de llenado entre enero y febrero.

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