El sociólogo Mariano Prado analiza la caída del poder adquisitivo en Chubut y Argentina, señalando que los salarios perdieron hasta un 30% frente a la inflación, lo que explica la persistente baja del consumo masivo.
La evolución de la inflación en Argentina volvió a quedar bajo análisis, pero con un foco que empieza a correrse del índice mensual hacia una variable más estructural: el deterioro del poder adquisitivo. Así lo planteó el sociólogo Mariano Prado, docente universitario, quien sostuvo que la clave para entender el actual escenario económico está en la relación entre precios y salarios.
“El nudo central de la explicación es la caída del salario frente a la inflación”, afirmó, al advertir que, incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria —aun cuando el dato de abril pueda significar una baja frente a marzo—, el impacto social sigue siendo significativo.
Inflación en baja relativa, pero por encima de lo previsto
Prado partió de los últimos datos disponibles: en marzo la inflación fue del 3,4%, acumulando un 9,4% en el primer trimestre. Ese nivel ya se aproxima a la pauta anual del 10% prevista en el Presupuesto nacional para todo 2026. “Ya estamos casi igual que el presupuesto anual en apenas tres meses”, señaló, aunque anticipó que los indicadores de abril muestran una desaceleración hacia niveles cercanos al 2,5%.
Sin embargo, advirtió que el índice general tiene limitaciones metodológicas. Según explicó, la medición actual del INDEC utiliza una estructura de consumo desactualizada, donde los servicios —como tarifas de luz, gas o transporte— tienen menor peso del real en el gasto de los hogares. “Hay rubros subvaluados que hoy aumentan por encima de la inflación general, como los precios regulados, y eso distorsiona la percepción real”, indicó.
Caída del poder adquisitivo y consumo
El punto crítico del análisis aparece al cruzar inflación con ingresos. Prado detalló que, según distintos relevamientos, los salarios registrados privados perdieron alrededor de un 28% frente a la inflación desde fines de 2023 hasta comienzos de 2026. En el sector público, la caída supera el 30%, mientras que el sector informal, sin datos oficiales, es aún peor.
“Incluso los sectores que mejor negociaron apenas empatan la inflación, pero no logran superarla”, observó. Este deterioro, agregó, se refleja directamente en el consumo: “Hace más de dos años que el consumo masivo viene en baja, incluso con inflación menor a la de otros períodos”.
El dato abre un interrogante sobre las explicaciones tradicionales. “No hay emisión monetaria significativa, no hay recomposición salarial que impulse la demanda, y sin embargo la inflación persiste”, planteó.
Puja distributiva y concentración económica
Frente a la explicación oficial —que atribuye la inflación a un fenómeno estrictamente monetario—, Prado propuso una mirada más amplia. “Es un fenómeno multicausal”, sostuvo, y enumeró factores como la inercia inflacionaria, el costo de la energía y la estructura del mercado. En ese sentido, cuestionó también el impacto del precio de los combustibles: “Pagamos valores como si importáramos petróleo, incluso más altos que países que no lo producen”.
Para el sociólogo, una de las claves más relevantes está en la estructura del mercado argentino. “Yo adhiero a la idea de que en Argentina la inflación responde en gran parte a una puja distributiva”, afirmó. Según explicó, la alta concentración económica permite a un grupo reducido de empresas fijar precios en sectores clave, especialmente en alimentos.
“Menos de 20 empresas abastecen la mesa de los argentinos”, aseguró, al advertir que incluso las segundas y terceras marcas pertenecen a los mismos grupos económicos. Este fenómeno, agregó, reduce la competencia real y condiciona las opciones de consumo. “No hay posibilidad de escapar a esos precios”, resumió.
El análisis concluye que la inflación no puede entenderse de manera aislada. La combinación de salarios en retroceso, consumo deprimido y mercados concentrados configura un escenario complejo. “Si no se analiza la relación entre capital y trabajo, y cómo se distribuyen los ingresos, es difícil explicar por qué la inflación sigue siendo persistente”, planteó Prado. En ese marco, dejó abierto el debate sobre el verdadero desafío económico: no solo bajar la inflación, sino recomponer el poder adquisitivo en un contexto donde los precios siguen marcando el ritmo.
