«Chalamán», el hit del rock nacional que legalizó la marihuana y popularizó el reggae

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El mal oído nos condujo al surrealismo. Cuando se escuchaba “Rastafa”, el propio Bahiano, cantante icónico de Los Pericos, tampoco entendía la letra. El reggae en la Argentina arrancaba con Chalamán. Con Los Abuelos de la Nada. Con la voz de Daniel Melingo.

“No, en realidad empieza con Alphonso S’Entrega, el grupo de Daniel Morano y Sergio Nassif. Ahí ya había bosquejos de sonidos tropicales que claramente no eran cumbia. Después sí aparece Chalaman. Yo nunca entendí si decía ‘rostro feo’ o ‘rastafa’”, nos confiesa el mismísimo Bahiano.

¿Alguien sabe qué es el «rastafarismo»? ¿Será como ser therian o mormón?

Es cierto que Los Pericos han hecho su gran aporte para el debate sobre la marihuana legal. Por ejemplo mandaron señales de humo tempranas con discos como Big Yuyo.

«Bueno, la marihuana es un correlato del reggae en sí mismo. Es la identidad. Cuando aparecimos nosotros, nos cuestionaban. A mí -sigue Bahiano- lo que más me atraía era el sonido reggae. Luego sí, uno se va metiendo en la cultura del movimiento. Pero cuando aparecieron Los Pericos, la marihuana no estaba tan charlada como ahora».

Planta base

El reggae nacional se vuelve un fenómeno en la Argentina con El ritual de la banana. Eso fue lo más cerca que estuvimos de África. En Buenos Aires, una ciudad que le da la espalda al río, supimos del reggae a fines de la década del ’80. Nada de espiritualidad ni «rastafarismo» ni «resistencia» ni «revolución». Pero tampoco el reggae era sinónimo de alfajores bajoneros.

Los puristas sostienen que el verdadero precursor del reggae criollo fue Donald con Scaba badibidu scubi bidubide. Andrés Calamaro estuvo procesado por decir: «Me estoy sintiendo tan a gusto que me fumaría un porrito». Esa historia de pequeñas maldades e inercias burocráticas pasó de verdad en la Argentina.

Sucedió durante un recital a fines de 1994. La justicia argentina transformó el estado de gracia de un cantante en «apología del delito», figura jurídica típica de las dictaduras militares. Calamaro fue llamado a declarar por «inducir al consumo de marihuana». Parecía una escena arrancada de un película de Vittorio Gassman. Obviamente, lo absolvieron.

Vasos y Besos

¿En qué Alcatraz debería haber estado preso Daniel Melingo? Melingo es el autor de Chalamán. Chalamán es un hit de Los Abuelos de la Nada, incluido en Vasos y Besos. El álbum salió a la venta allá por 1983. Es decir, más de diez años antes del deseo furtivo de Calamaro. Los Abuelos -nombres más, nombres menos- eran la banda más popular del rock nacional de segunda horneada. Dicho de otro modo, la frase Calamaro desde un escenario, y ante miles de personas, no significaba nada delante de la transgresión grabada en uno de los álbumes más respetados del género.

En las década del ‘80, la marihuana era algo que para los padres se inyectaba de forma intravenosa. Había poquísima información. Melingo, que también tocaba con Los Twist -le faltaban años para hacerse tanguero- logró varias cosas con Chalamán: la instaló como tema estival no perecedero, habló de la marihuana para las grandes masas e introdujo el reggae a nivel popular.

Como los mellizos Barros Schelotto, reggae y marihuana siempre fueron de la mano. Decir “chala”, por esos ochentosos días, solo remitía a una comida regional. No significaba nada, y mucho menos dándole la impronta de superhéroe (Chalaman). El reggae asomo ahí. Después -más concheto y menos popular que Los Abuelos- fue motivo de algunas grandes canciones de Sumo.

Habrá que esperar a diciembre de 1987, con Los Pericos, para reconocer la huella estelar de Bob Marley, ese señor que esencialmente se despertaba y fumaba.

Canción propaganda

De todos modos, los primeros que le hicieron un cálido homenaje al marihuana fueron, por supuesto, los Beatles: Got to Get You Into My Life (1966) es un tema alegre que está en Revolver. Paul McCartney hablaba, por primera vez, de un amor distinto al del rock heterosexual: “Fue una canción que escribí cuando me presentaron por primera vez a la marihuana”, dijo en ese librazo llamado Hace muchos años.

“Empezamos a meternos en la marihuana y me pareció bastante edificante. No parecía tener demasiados efectos secundarios como el alcohol o algunas de las otras cosas, como las píldoras, que prácticamente dejé de tomar. Me gusta la marihuana. No tuve dificultades con eso y para mí fue literalmente una expansión mental. Entonces, Got to Get You Into My Life es realmente una canción sobre eso, no es para una persona, en realidad se trata de marihuana”.

Cuando apareció Chalamán, canción propaganda de Melingo, el autor no solo zafó de Devoto, sino que armó un éxito comercial tan impactante que, en esos días, figuraba cabeza a cabeza con la gran bestia pop de ese Vasos y besos: Mil horas.

Melingo textual: “Chalaman me bajó de algún lado. Tuve buena suerte de estar parado justo ahí cuando cayó. Es del ’81, antes de que conociera a Pipo Cipolatti y mucho antes de que Cachorro López me presentara a Miguel Abuelo. La canción me llego así y así la compuse».

En los años de Alfonsín, la gente no le decía “porro” ni «churro» sino que se dirigía a ella por su nombre distante: marihuana. Los más entendidos, sólo en la jerga, hablaban de “faso”. La crónica policial tipificaba el cannabis hablando de “cigarrillos de marihuana”.

Metáfora cobarde

Melingo cantaba Chalaman cuando estaba con los Abuelos y En el bowling cuando tocaba con Los Twist. La letra decía: Flaca, pará un poco, tenés a todos los muchachos moqueando la nariz. Obvio pensábamos que se trataba de un resfrío. Así de zonzos en esos años de democracia reciente, con las drogas entrando libremente por las orejas. La metáfora siempre ha sido un poco cobarde.

Después Melingo se puso varonil al mango. Nada quedó de ese look andrógino que acompañaba las presentaciones de su histórico hit. Con todo él dedicado al tango, alguna vez probamos conversar sobre los efectos de Chalaman pero, amable entre los amables, el talentoso multiinstrumentista nos hizo saber que ya estaba en otra y que la llegada del tango había sido como dar vuelta la página más pesada de toda su vida.

La voz aterciopelada de Chalaman ya no existe. Melingo sonaba áspero y porteño. Decía cosas severas como: “El tango nos abre las puertas del mundo”. Un pedazo de la historia del rock nacional haciéndose cargo de las exequias del 2X4.

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