La tiranía de las empresas de inteligencia artificial amenaza al periodismo

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Hace unos diez años la industria de medios se enfrentó con las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley por lo que consideraban un robo sistemático de sus contenidos junto con un abuso totalmente monopólico del ecosistema digital que las estaban ahorcando. Eran los años en los que Google y Facebook todavía gozaban del favor social y sus fundadores, gente como Mark Zuckerberg, eran idolatrados por combinar una especie de inocencia utópica de lo que podría generar el mundo digital con el éxito económico exponencial que ofrecía internet. Los medios, en cambio, estaban inmersos en una crisis estructural ligada a la disrupción de sus modelos de negocios generada por la acelerada transformación digital que no supieron interpretar, junto con la irrupción de estos nuevos actores de Silicon Valley que rápidamente pasaron a dominar los mercados de publicidad que antes les pertenecían.

Hoy, muchas de las mismas empresas y algunas nuevas que surgieron al fragor del desarrollo de la inteligencia artificial siguen depredando al ecosistema de medios, que está más débil que hace diez años, y amenazan con causarle todavía más daño haciendo lo mismo, pero más rápido. Los contenidos periodísticos que producen los medios fueron y siguen siendo uno de los principales insumos en el entrenamiento de los algoritmos que dan vida a la inteligencia artificial, mientras que plataformas como ChatGPT de OpenAI, Meta AI de las empresas de Zuckerberg, Gemini de Google, Grok de X (la red social de Elon Musk), y Claude de Anthropic comienzan a desplazar a los medios como referencias informativas confiables, muchas veces citando textualmente a los medios. En otros casos inventando cualquier cosa o alucinando, como se dice en la jerga IA.

Estas empresas abusan de su posición monopólica que, en muchos casos, les permite priorizar sus herramientas y plataformas por encima de otras opciones de contenidos, entre las cuales están los medios de comunicación, logrando adopción masiva e ingresos exponenciales. Además, fingen demencia jurisdiccional, operando a través de estructuras complejas y desde geografías protegidas para escaparle a cualquier reclamo, en especial de países geopolíticamente alejados como la Argentina.

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Inteligencia Artificial en la industria: apenas un tercio de las empresas invirtió y el 70% desconoció su potencial

No se trata de ser un ludita y negar las enormes oportunidades que genera la irrupción de la inteligencia artificial. Al contrario: al igual que Google y Facebook una década antes, estas innovaciones tecnológicas nos dan herramientas poderosísimas que, utilizadas para el bien, acelerarán el desarrollo humano. Puestas en malas manos, como cualquier tecnología potente, tienen mucho potencial para el daño.

Geopolítica y guerra

Pero en la relación con los medios el debate es otro, mucho menos interesante que si enfrentamos un futuro apocalíptico o próspero gracias a la IA. Es una cuestión de negocios donde un grupito oligopólico está haciendo valor su potencia, en detrimento de otros de manera injusta e ilegal. Como hace una década, se debate globalmente si se deben regular estas tecnologías, con una tendencia regulatoria en Europa que se enfrenta a la desregulación que reina en EE.UU., sede de la gran mayoría de estas empresas. Existe una tensión geopolítica entre EE.UU. y la Unión Europea por este tema, que tiene implicancias impositivas globales, como también de competencia. La dimensión militar también está en juego, con la fuerte presencia de China, que se ha convertido en el otro gran superpoder global, tomando el lugar que nunca pudo recuperar Rusia. De Ucrania a Caracas, pasando por el Medio Oriente, la inteligencia artificial está presente en todos los campos de batalla.

En su momento, las grandes tecnológicas patalearon y negaron culpabilidad hasta que en algunas jurisdicciones importantes, como la Unión Europea y Australia, los gobiernos pasaron leyes obligándolas a pagar a los productores de contenidos periodísticos por el uso de sus contenidos. También sufrieron varios reveses judiciales por este y otros temas relacionados al abuso de posiciones dominantes y el uso indebido de datos personales, por lo que decidieron cerrar acuerdos con algunas empresas de medios para tratar de calmar a las fieras. Con el tiempo, este ímpetu colaborativo forzado con la industria periodística fue perdiendo peso y financiamiento.

Rebelión periodística

Ahora, los grandes players del ecosistema IA están empleando otra estrategia: acuerdos selectivos regionales para cubrirse. Cerrando con unos pocos grandes medios distribuidos por idioma, geografía y peso geopolítico, se sacan de encima gran parte del problema. Total una parte importante del daño ya está hecho, dado que los contenidos periodísticos ya fueron “scrapeados” o descargados y utilizados para entrenar sus algoritmos. Por suerte, un par de empresas de medios se rebelaron y llevaron la batalla al plano judicial, como es el caso del New York Times en EE.UU. o Folha de São Paulo en Brasil.

Desde PERFIL fuimos pioneros en la lucha contra las grandes plataformas digitales en la Argentina, logrando el apoyo de otros grandes medios y luego la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA). Entendemos que es el momento de volver a alzar la voz y tomar la iniciativa. Ya comenzamos el proceso judicial en contra de algunas de las empresas más grandes del sector. Esperamos volver a contar con el apoyo de la industria local para lograr emparejar la cancha, que hoy está totalmente desnivelada a favor de Silicon Valley.

ML

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