Según el informe de septiembre de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad textil acumuló una caída del 22,6% en los primeros siete meses de 2026 y en julio operó al 45,3% de su capacidad instalada. El sector perdió 16.536 puestos formales en la comparación interanual y explicó el 31% de todo el retroceso laboral de la industria, pese a representar el 8,4% de los puestos. Entre textil y confección se contabilizaron 517 establecimientos menos que un año atrás.
La industria textil argentina profundizó su crisis durante 2026: la actividad acumuló una caída del 22,6% en los primeros siete meses del año y en julio se derrumbó 13% frente al mismo mes de 2025, según el informe de septiembre de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), difundido este viernes 2 de octubre. El sector se mantiene en los niveles de producción más bajos de los últimos tres años, muy por debajo del resto de la industria, que en el mismo período retrocedió 4,9% interanual y 2,6% en el acumulado del año.
Empleo
En junio, el agregado de textil, confección, cuero y calzado contabilizó 92.531 puestos formales, lo que implicó la pérdida de 1.284 empleos solo frente a mayo y de 16.536 puestos en la comparación interanual. Desde diciembre de 2023, cuando cambió el gobierno, la reducción acumulada llega a 28.322 puestos de trabajo.
La magnitud del golpe se entiende mejor con una proporción: el textil, la confección, el cuero y el calzado representan apenas el 8,4% de los puestos de trabajo de la industria, pero explican el 31% de la caída interanual del empleo industrial y la mitad de la pérdida registrada en el último mes. En toda la industria había en junio 1,1 millones de puestos formales, 2.562 menos que un mes antes y 52.554 por debajo del nivel de un año atrás.
Cierres: 517 fábricas y talleres menos en un año
El ajuste también alcanzó a la cantidad de establecimientos. En junio había 1.939 establecimientos textiles, 175 menos que un año antes, mientras que en confección se contabilizaron 2.343, con una pérdida interanual de 342. En conjunto, ambos sectores sumaron 4.282 establecimientos, 517 menos que en junio de 2025.
A media máquina: usan menos de la mitad de su capacidad
En julio, el sector textil utilizó apenas el 45,3% de su capacidad instalada, 1,3 puntos porcentuales menos que en junio y 0,9 puntos por debajo de julio de 2025. La industria en su conjunto operó al 58,2%, lo que dejó una brecha de 12,9 puntos frente al sector textil. FITA calificó el deterioro como “estructural”: la utilización de las instalaciones pasó de oscilar entre 50% y 60% durante 2023 a ubicarse entre 30% y 50% desde 2024, con mínimos cercanos al 30% hacia fines del año pasado.
Dentro del sector, los rubros más castigados fueron tejidos y acabados, con una caída acumulada del 35,1%, seguidos por los hilados de algodón (-17,5%), otros productos textiles (-17,1%) y la preparación de fibras de uso textil (-15,4%). “No hay señales de recuperación”, advirtió la federación, que señaló que la actividad permanece estancada en esos niveles desde fines de 2025.
Menos máquinas, menos insumos y más ropa terminada
La caída de la inversión es otro termómetro de la crisis. Entre enero y agosto, las importaciones de maquinaria textil sumaron u$s78 millones, un 31,2% menos que los u$s113 millones registrados en el mismo período de 2025. La mitad de esas compras correspondió a maquinaria de lavado, seguida por equipos de hilatura (13%) y máquinas de coser (11%).
El informe también detectó un cambio en la composición del comercio exterior: mientras se derrumban las compras de insumos, crecen las de producto terminado. En lo que va del año cayeron 28,6% las importaciones de materias primas, 42,6% las de hilados y 52,7% las de tejidos planos, pero en contraste subieron 53,5% las de prendas y 21,8% las de confecciones. Las compras externas de toda la cadena alcanzaron 206.000 toneladas por u$s1.063 millones, con bajas interanuales de 20,3% en cantidades y 8,8% en valor.
Qué significa en el bolsillo
Traducido a la vida cotidiana: una de cada tres personas que perdieron su empleo industrial en el último año trabajaba en la cadena textil, un entramado intensivo en mano de obra que tiene peso en el empleo de La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires y Tucumán, y que incluye también a los talleres de confección. Cada fábrica que cierra o reduce turnos golpea de manera directa los ingresos de esas familias y al comercio de las ciudades donde están radicadas.
El informe también ayuda a explicar por qué la ropa no bajó de precio pese a la apertura importadora y a la caída del consumo: las empresas locales vienen con márgenes comprimidos, los precios del sector se movieron muy por debajo de la inflación general y los proveedores nacionales de insumos, como los hilados, se van achicando. La contracara es la pérdida de capacidad productiva: menos máquinas, menos fábricas y más dependencia de prendas importadas.
Sobre el final, FITA reconoce un dato positivo: las exportaciones textiles acumularon hasta agosto un crecimiento de 136,3% en cantidades y 60,7% en valor, hasta 8.000 toneladas por u$s23 millones. Pero la propia federación relativiza la cifra: se trata de “volúmenes muy pequeños”, donde operaciones puntuales pueden provocar variaciones porcentuales enormes, y el incremento de las ventas externas resulta marginal frente al total de la cadena.
Nota en base a Perfil (informe de septiembre de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, FITA), con asistencia de IA y editada por un redactor de ADNSUR.
