La situación que atraviesa Venezuela vuelve a generar conmoción no solo dentro del país, sino también entre los miles de venezolanos que viven en el exterior. En Comodoro Rivadavia, una ciudad que en los últimos años recibió a numerosos migrantes (se estiman entre 300 y 400 venezolanos en la ciudad), la preocupación y la incertidumbre se sienten con fuerza.
William, ingeniero venezolano radicado en la ciudad, compartió con ADNSUR su testimonio y relató cómo vivió a la distancia las últimas noticias que sacudieron a su país.
“La primera reacción fue un sentimiento de emoción y de preocupación”, contó.
La sensación amarga, señaló, es por quienes aún están en su país. “Todavía tengo familia allá y siempre existe la posibilidad de que alguien pueda resultar herido. En mi caso, tengo un familiar que pertenece a la fuerza policial y él tiene que estar ahí, aunque no comparta la opinión política. Es su trabajo, y muchas veces pagan justos por pecadores, los que están en el lugar incorrecto en el momento equivocado”, explicó.
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William se enteró de lo que estaba ocurriendo durante la madrugada, a través de un familiar que vive en Estados Unidos. “Me avisó y nos pusimos a buscar información por YouTube, eran como las tres de la mañana. Ya estaban en pleno bombardeo, se escuchaban las detonaciones”, recordó.
Luego, el contacto directo con familiares y amigos que viven en zonas afectadas confirmó que lo que veían en las imágenes era real. “Había muchos llorando, otros asustados. Ver eso es durísimo”.
A pesar del impacto emocional, William reconoce que también sintió una especie de alivio. “Es fuerte decirlo, pero uno siente que es un mal necesario. Por las vías legales nunca se respetó nada, nunca se escuchó a la gente, y así no se iba a llegar nunca a la libertad”, afirmó.
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El miedo cotidiano en Venezuela
William es oriundo de Mérida, una ciudad ubicada en la región andina del país. Allí, explicó, la situación es especialmente tensa. “Mérida fue uno de los estados que más protestó históricamente, junto con otros estados andinos, y por eso sufrió mucha represión. Hoy la gente está totalmente resguardada. No se puede celebrar nada, no se puede mostrar alegría ni compartir información”.
Uno de los aspectos que más lo impacta es el control social y el temor constante. “A la gente la pueden parar en cualquier momento: colectivos, militares o delincuentes. Les revisan los teléfonos, los WhatsApp, las redes sociales. Buscan palabras clave como ‘libertad’, ‘dictadura’, incluso memes. Si encuentran algo, te pueden acusar de traición a la patria”, relató. “Eso no es exageración, es real, tengo familiares a los que les pasó”.
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La comunidad venezolana en Comodoro
En Comodoro, William asegura que existe una comunidad venezolana numerosa y unida. “Yo calculo que debe haber entre 300 y 400 venezolanos en la ciudad”, señaló. Si bien no todos se conocen entre sí, existen grupos y vínculos. “Hay juntadas entre familias, hay contacto. Cuando pasan cosas importantes, como la caída del dictador, se organizan caravanas y concentraciones”.
En ese sentido, recordó una movilización reciente que no pudo acompañar por el cansancio acumulado. “Nos enteramos de todo de madrugada, no dormí nada y a la mañana me fui a trabajar. Cuando volví, ya había pasado la caravana. Pero sé que muchos fueron y eso demuestra que hay unidad”.
De Venezuela a la Patagonia
William llegó a Comodoro buscando trabajo en la industria petrolera. “Soy ingeniero y vine con esa idea. Después, por cuestiones de la vida, terminé armando un negocio propio y trabajando por mi cuenta”, explicó. A diferencia de muchos de sus compatriotas, su salida de Venezuela no fue traumática. “No tuve una historia trágica. Salí relativamente cómodo. Primero fui por tierra hasta Colombia, después viajé en avión a Perú, estuve unos meses ahí y finalmente vine a Argentina”.
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Sin embargo, es consciente de que su experiencia no fue la regla. “Hay muchísimos venezolanos que la pasaron muy mal, que cruzaron varios países por tierra, tomando colectivos, durmiendo en terminales. Eso pasó y sigue pasando”.
Como muchos venezolanos que viven en el exterior, William mantiene intacta la esperanza de volver. “Si esto prospera y se logra la libertad, claro que la idea es regresar. Venezuela va a necesitar toda la ayuda posible para reconstruirse, y esa ayuda también va a venir de los que estamos afuera”, aseguró.
Para él, el anhelo es claro: volver a trabajar en su país y, sobre todo, reencontrarse con su familia. “Eso es lo más importante. Poder estar con los tuyos, sin miedo, sin persecuciones. Ojalá llegue ese momento”, concluyó.
