La firma local operó un sistema de circuito cerrado que llevaba música seleccionada a comercios, hospitales y oficinas mediante cables tendidos sobre los techos. Juan Carlos Montoya, ex empleado, reconstruyó su funcionamiento y el contexto de la ciudad en esa época.
Fono Musa fue una empresa de Comodoro Rivadavia que funcionó desde 1968 hasta los primeros años de la década de 2000. Ofrecía un servicio de música ambiental por suscripción mediante un circuito cerrado de cables que conectaba una central de transmisión con parlantes instalados en establecimientos comerciales, instituciones y oficinas. Juan Carlos Montoya, quien ingresó a la empresa en 1974 con 14 años y permaneció vinculado a ella durante décadas, brindó su testimonio a ADNSUR sobre el funcionamiento del sistema y la historia de la firma.
Funcionamiento del sistema
El servicio consistía en un abono mensual que daba acceso a música seleccionada sin publicidad, distribuida a través de una red física de cables. Según explicó Montoya, «el circuito cerrado quiere decir que la radio funcionaba por intermedio de un cable. Era un cable aéreo y se colocaba generalmente arriba de los techos. Se pedía una autorización para poder subir y eso iba por distintos lugares de Comodoro». Cada nuevo cliente requería una instalación que incluía el tendido del cable desde la red principal y la colocación de un parlante con un dispositivo llamado reóstato para regular el volumen.
Origen y expansión
La empresa fue impulsada por Jorge Rosenthal, quien llegó a Comodoro Rivadavia a partir de una propuesta surgida durante el servicio militar obligatorio en Entre Ríos. El proyecto original preveía instalarse en Luján, provincia de Buenos Aires, pero al estar esa zona ya atendida por otra iniciativa, se optó por la Patagonia. La elección de Comodoro Rivadavia estuvo acompañada de advertencias sobre las dificultades climáticas, especialmente el viento, que afectó el tendido de cables. Uno de los primeros clientes fue Aerolíneas Argentinas, lo que contribuyó a generar confianza y nuevos contratos.
La red se expandió a consultorios médicos, sanatorios, clínicas, peluquerías, zapaterías, librerías, confiterías, galerías comerciales, oficinas administrativas, el aeropuerto, la zona industrial y dependencias públicas. El Hospital Regional, el Correo y dependencias policiales recibieron el servicio de manera gratuita. Según los antecedentes de la empresa, en su momento de mayor expansión superó los 600 abonados, con cobertura en el centro, el barrio Industrial y Kilómetro 3.
Trabajo técnico y mantenimiento
Montoya recordó que las conexiones se realizaban manualmente y que los trabajadores debían subir a techos y trasladar materiales. «Nos organizábamos muy temprano, tipo ocho y media de la mañana. Íbamos a la parte del puerto, de la costanera, y aprovechábamos las líneas de los postes de teléfono. Tirábamos un alambre de punta a punta y trenzábamos el cable que utilizábamos para la señal», detalló. Ante fallas en la transmisión, no existían sistemas digitales de detección, por lo que los empleados recorrían los techos para encontrar el cable dañado o el cortocircuito. Montoya señaló que el trato con los vecinos facilitaba las tareas: «Antes te decían: ‘Sí, no hay ningún problema, Fono Musa, cómo no, pase por acá’. Era un trato cordialísimo donde fuéramos».
Programación y tecnología
La central de Fono Musa funcionaba en un inmueble de la calle Sarmiento, donde se encontraban los equipos de reproducción, amplificación y distribución. La programación se preparaba mediante cintas grabadas con equipos Revox y Sony, y parte del material musical se seleccionaba en Buenos Aires. El repertorio incluía tango, folclore, música clásica y canciones melódicas. En sus comienzos, el horario era de lunes a viernes de 8 a medianoche, sábados hasta la madrugada y domingos desde las 9. Con el tiempo se incorporó un mecanismo temporizado que alternaba grabadores para evitar interrupciones. Montoya también participó en la selección y programación musical.
Cierre y vestigios
La expansión de las radios FM y la mayor accesibilidad de equipos de reproducción modificaron las condiciones que habían sostenido el servicio. Las FM ofrecían locutores, información meteorológica y noticias, contenidos que el circuito cerrado no incluía. Fono Musa mantuvo su actividad hasta los primeros años de la década de 2000. Montoya expresó tristeza por el cierre y reconoció la iniciativa de los propietarios Jorge Rosenthal y Eduardo Silva. Según su testimonio, aún podría observarse un parlante del sistema en el techo de una galería comercial vinculada al antiguo bowling. Los parlantes eran armados en la ciudad con componentes internos y mecanismos de regulación de volumen.
Rosenthal reunió material sobre la trayectoria de la empresa en un libro con la intención de que formara parte del patrimonio histórico local, según recordó Montoya.
