Verónica Cangemi: «La ópera no te va a aburrir»

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La cantante argentina Verónica Cangemi, referente internacional de la ópera, habla de su trayectoria, su proyecto para llevar la ópera a la calle y sus próximos compromisos en Buenos Aires.

Verónica Cangemi (1964) tenía 7 años cuando fue al Teatro Independencia de Mendoza con su papá a ver actuar a su madre en la ópera Cavalleria rusticana.

“Iba desde los 4 años pero cuando la vi a mi mamá en esa puesta dije: Yo quiero hacer eso”, recuerda.

Quién sabe si habrá sido por las pasiones, los engaños, los celos o el final trágico de la ópera. Y, claro, la música de Pietro Mascagni, a la que la gran mayoría escuchó (reconozca la ópera o no), dado que su Intermezzo sinfónico es otra celebridad: fue elegido por Coppola para El Padrino III y por Scorsese para Toro salvaje.

“Quizá me llegó más la obra a los 7 años o simplemente fue entonces cuando me enamoré”, dice Cangemi. “Pero, seguro, ahí hice clic”.

Y seguro fue la voz y la presencia de la mamá, Fenicia “la Pepa” Cangemi (1938), quien además no iba a dejar ese deseo de Verónica ahí latiendo.

Bien sabe “la Pepa” que a los sueños hay que perseguirlos sin pausa. Ella se fue de la casa mendocina a los 15 años a estudiar canto en Buenos Aires, sin un peso. Aunque es sobrina de Hilario Cuadros, creador del emblemático grupo de folclore Los Trovadores de Cuyo, se decía que ser cantantes era de prostitutas y no la iban a ayudar. Así que se las arregló barriendo una peluquería y aprendiendo pedicuría.

Valió la pena. «La Pepa» cantó. Enseñó en el Teatro Colón y en Europa y se convirtió en Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Cuyo. Una maestra.

“Mi mamá es así: solar. Cuando aquella vez, de nena, le dije que quería cantar, organizó una zarzuela en la escuela y me puso en el rol protagónico”, agrega Verónica. “Lo supe después. Pero ahí ya me sentía cantante”.

Claro que la vida es cambio. Verónica estudiaba flauta desde los 4 años. Después, se enganchó con el violonchelo. Terminó la secundaria y las amigas elegían Abogacía o Arquitectura y ella no quería ser un “bicho raro” ni tener que irse tanto tiempo como su mamá. No dejó la música. Pero probó Derecho. Pasó por Fonoaudiología. Cuando llegaba a casa, cantaba.

-Te voy a inscribir en un concurso internacional en Buenos Aires.
-¡¿Estás loca, má? Si yo no he cantado sola antes. Sí en coro, pero…

Verónica ganó el certamen. Se convirtió en referente de la renovación del barroco. Multipremiada, actúa en el Colón y en los principales espacios del mundo, desde la Scala de Milán y la Fenice de Venecia hasta la Ópera de París, pasando por el Covent Garden y teatros de Japón y Uzbekistán. La dirigió Zubin Metha. Trajo a José Carreras. No paró más.

“Mi mamá fue como un gran meteorito que cayó y me iluminó a mí y a toda una familia”, dice Verónica. Habla de sus hijos: Joaquín es cantante de ópera y Camilo Manuel, Milo, es productor musical. De su hermana Patricia, quien eligió el tango y con quien ahora preparan su primera gira juntas. De sus sobrinas.

“La Pepa nos tiró pedacitos de soles, luz dorada, porque nos llenó el alma con esta pasión. Quisiera hacer algo parecido”, afirma.

Verónica Cangemi ya creó la Orquesta Barroca Argentina. Da master class. Y dirige el Opera Studio -el entrenamiento final, antes de ser profesionales- en el Teatro Colón. Creó ese programa en la Universidad de Cuyo y otro, de Canto, en Fundación de Postgrado de la Universidad de Congreso.

Además, va por la tercera edición de Opera Cangemi -en honor a «la Pepa»-, un concurso internacional que se realizará en octubre en el Palacio Libertad. La gala final será el 21 y parte de lo recaudado tiene se donará al Hospital Garrahan.

El viernes 25 de septiembre, Beethoven, Wagner y Strauss: Verónica cantará como invitada con la Sinfónica Nacional, también en el Palacio Libertad, gratis. Hay que reservar entradas vía Internet.

«No te vas a aburrir»

-¿Cómo les explicarías a un chico que no tuvo a «la Pepa» de mamá ni de profe qué es la ópera?
-¡Es fantástica! Se trata de una historia, como las de Netflix. Es como una obra de teatro o una película pero cantada en vivo. Tenés escenografía, orquesta, pintura, vestuario, luces, todas las artes incluidas. Y no es sólo para adultos. Engancha a los chicos y a los jóvenes. Lo que pasa es que a veces, sobre todo en Latinoamérica, seguimos teniendo óperas muy tradicionales y mucha gente les tiene miedo. Piensa: Me voy a aburrir. Pero no, no te vas a aburrir. A partir de las traducciones de los libretos esto empezó a cambiar porque podés seguir el hilo de la historia.

-¿Por qué la ópera no es sólo de élite?
-Por lo mismo. Además, la ópera nació en la calle y tendría que volver ahí, sin dejar los teatros, claro. Somos varios los que venimos trabajando para que recupere su carácter popular.

-¿Cuáles son los principales obstáculos para ampliar públicos?
-Creo que a veces se confunden tantos. Por ejemplo, se piensa en llevar la música popular a los teatros. Pero creo que también tenemos que salir nosotros, los artistas de la ópera, a la calle.

-Por eso creaste el proyecto “Ópera en camino” (un gran camión-escenario).
-Sí, para llevar la música y conectar. Quiero sacar la ópera a la calle porque estoy convencida de que este género es transformador. Cuando le das calidad al público, se tienta y empieza a mirar en Internet, a investigar. Tenemos que volver a hacer lo que se hizo en Florencia en el siglo XVI, volver a los inicios de la ópera, que fueron en la calle con máscaras de las tragedias griegas. Menos almidón.

-¿Qué hacemos con los prejuicios?
-Es lógico que si vos nunca escuchaste ópera y aparece una voz rara, que que sale de lo común, te asustes. Pero cuando se cuenta bien una historia con tantas artes, la cosa cambia. Otro problema es la comunicación de la ópera.

-¿Por qué?
-Por ejemplo, cuando vos decís cantante de ópera, hay mucha gente que se imagina a una persona rellenita y, en realidad, somos más bien como deportistas. Entrenamos muchísimo y queremos triunfar.

-¿Qué más hay que cambiar en la comunicación?
-Contar más… ¿Sabés cuál es la diferencia entre un cantante de ópera y uno popular? ¿Por qué a veces se enojan algunos cantantes de ópera cuando llevan la música popular a un teatro de ópera? Los cantantes de ópera somos nuestro micrófono. Necesitamos una acústica que lleve nuestra voz a cada rincón del teatro y nos la traiga de vuelta. Tenemos que pasar a través de una orquesta. Para eso entrenás. Un artista popular no es menos, para nada, que quede claro, pero tiene otros desafíos. Y un teatro de ópera se construye pensando en los que cantan ópera. Hay tecnología para las puestas de ópera fuera de un teatro, para que la voz llegue igual en 360°, y es muy cara.

Las ganas de vivir

-Además de sacar a la ópera a la calle, ¿te gustaría ser directora artística de un teatro?
-Sí, claro. Tengo 40 años en escenarios y 15 de gestión cultural. Es súper importante ese rol: se elige qué óperas se ofrecen y qué puestas.

-¿Qué propondrías?
-Me encantaría apoyar más y más a los jóvenes talentosos y salir a buscar más óperas que enganchen a gente de esa edad, y que funcionaran como un muestrario de lo que pasa hoy en el mundo.

-¿Por ejemplo?
-La mitología es un punto de contacto claro con los intereses de muchos chicos. Sagas. Una historia de hechiceras. Creo que siempre hay que sumar. Mirá: Montserrat Caballé vino por primera vez al gran Teatro Colón cuando tenía unos treinta años y hubo, digamos, discordancias. Sin embargo, era claro que tenía una voz maravillosa. La bancaron. Brilló. Fue la número uno y quién no recuerda Barcelona con Freddie Mercury.

-Siempre decís que la ópera transforma. Además de tu carrera, ¿qué te da?
-Comunicación con cualquier persona sin ningún límite, esperanza para contribuir a mejorar cosas, alegría… me da ganas de vivir.

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