La sobreviviente Emilce Moler publica ‘La larga Noche de los Lápices. Relatos de una sobreviviente’, un libro que reúne sus memorias y las de sus compañeros, a cinco décadas de los secuestros ocurridos en La Plata.
Emilce Moler, una de las cuatro personas que sobrevivieron a los secuestros cometidos durante la denominada Noche de los Lápices, presentó su libro La larga Noche de los Lápices. Relatos de una sobreviviente. La obra, editada por Marea, fue presentada este sábado en la librería El Fondo (Costa Rica 4568) con un diálogo entre la autora y la escritora Tamara Tenenbaum.
El libro, escrito a lo largo de varios años, recorre las experiencias de Moler y de sus compañeros secuestrados el 16 de septiembre de 1976 en La Plata. Seis de ellos permanecen desaparecidos: Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel A. Racero y Horacio Ungaro. Los otros tres sobrevivientes son Gustavo Calotti, Pablo Díaz y Patricia Miranda.
Moler tenía 17 años cuando fue secuestrada de su casa. Permaneció detenida-desaparecida durante seis meses y luego fue trasladada a la cárcel de Villa Devoto, donde fue legalizada. Finalmente, obtuvo la libertad vigilada hasta los 20 años. Posteriormente, completó sus estudios secundarios y universitarios: se formó como matemática, docente, investigadora y doctora en Bioingeniería, y trabajó como académica durante tres décadas.
En una entrevista con Clarín, Moler explicó que el libro surge de la necesidad de ordenar un relato propio que no dependiera de las preguntas coyunturales de las entrevistas. «Durante muchos años no escribí mi historia: la fui contando», afirmó. «El libro apareció mucho después, cuando sentí que los tiempos de escucha eran cada vez más cortos y que una entrevista no alcanzaba para explicar la complejidad de la historia».
Moler sostuvo que su mirada sobre los hechos cambió con el tiempo. «Los hechos no cambian; cambia la mirada desde la cual una vuelve a ellos», declaró. «La perspectiva de género, por ejemplo, al principio estaba prácticamente invisibilizada y después adquirió mucha más fuerza».
Respecto a la juventud de los años 70, Moler señaló que los jóvenes de esa época no eran más adultos que los actuales. «Éramos jóvenes de 16 o 17 años, con todo lo que eso significa», dijo. «La política atravesaba fuertemente la vida cotidiana y había una enorme participación juvenil». La sobreviviente sostuvo que la militancia no estaba separada de la adolescencia y que esa participación no los hacía adultos. «Lo aberrante fue que el Estado respondiera a esa participación con secuestros, torturas, desapariciones y muerte», afirmó.
En cuanto a la cristalización de la Noche de los Lápices en el imaginario colectivo, Moler reconoció el valor de la película, pero cuestionó que haya simplificado la historia. «Quedó cristalizada la historia de estudiantes secundarios secuestrados fundamentalmente por reclamar el boleto estudiantil», expresó. «El boleto existió, fue una reivindicación importante y participamos de esa lucha. Pero no explica quiénes éramos ni por qué fuimos perseguidos».
Moler afirmó que la Noche de los Lápices sigue siendo presente por una razón concreta: «Nuestros compañeros siguen desaparecidos. Sus cuerpos no están. No sabemos dónde están», explicó. «Pasaron cincuenta años y sus familiares siguen esperando una respuesta».
En la entrevista, también se refirió al impacto de la tecnología en la democracia. «Un algoritmo no es neutral por el solo hecho de estar escrito en lenguaje matemático», sostuvo. «Hay decisiones humanas detrás». Moler señaló que la concentración de información y poder en pocas plataformas plantea desafíos para la democracia. «Una sentencia judicial, una investigación histórica, un testimonio documentado y un video que tergiversa los hechos pueden aparecer juntos en una pantalla con una apariencia de equivalencia», afirmó.
La sobreviviente expresó su preocupación por la presentación de la democracia como un obstáculo. «Yo viví en una sociedad en la que las instituciones, las leyes, las garantías y hasta la vida de quienes pensaban distinto fueron consideradas obstáculos que podían eliminarse», recordó. «La democracia es lenta, conflictiva e imperfecta. Pero esos límites no son un defecto: son precisamente lo que nos protege».
