Un análisis de Project Syndicate señala que África y Brasil pueden transformar su dotación de recursos naturales en desarrollo industrial verde mediante la cooperación Sur-Sur, evitando repetir el modelo extractivo tradicional.
Dakar/Río de Janeiro — Durante cinco siglos, África y Brasil han sido proveedores de materias primas de bajo costo que se utilizan como insumos en otros lugares y suelen volver a los países de origen incorporadas a productos terminados más caros. Según un análisis publicado por Project Syndicate, la transición energética presenta una oportunidad para modificar esta dinámica extractiva. La clave, según los autores, es combinar la abundancia de recursos con medidas de cooperación para construir industrias verdes propias.
La crisis energética mundial en curso ha incrementado la urgencia de la transición energética. Las alteraciones en el suministro y el aumento de costos presionan a gobiernos, hogares y empresas de numerosos países, debilitan la productividad, tensionan el abastecimiento de alimentos y agravan la desigualdad económica. En muchos países africanos, que ya enfrentan pobreza persistente, acceso limitado a la energía y falta de infraestructuras adecuadas, los efectos de la crisis se agudizan. Incluso los países africanos productores de energía no están exentos, pues suelen exportar petróleo crudo e importar productos refinados más costosos, como gasóleo y gasolina.
El problema trasciende la crisis coyuntural. Un informe de Oil Change International citado en el análisis señala que décadas de economía extractiva han generado concentración de ingresos, dependencia económica, vulnerabilidades externas y debilitamiento de otros sectores productivos. Para lograr un desarrollo de base amplia, se propone una nueva estrategia que emplee la cooperación Sur-Sur para promover el desarrollo verde y la industrialización sostenible. Brasil y países africanos como Kenia, Namibia, Sudáfrica y Túnez están posicionados para liderar esta estrategia, no solo como aliados diplomáticos, sino también como socios en la producción de una transformación industrial verde.
Desde el inicio de su segundo mandato en 2023, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha destacado la importancia de la cooperación Sur-Sur, en particular para la agenda climática y de desarrollo. Además, reanudó las visitas oficiales a países africanos, como Mozambique y Sudáfrica, cuyos líderes también visitaron Brasil. Estas iniciativas diplomáticas fueron acompañadas de medidas de cooperación concreta en agricultura, salud, educación, defensa, energía y otros ámbitos. La industria verde, según el análisis, es el área donde esta asociación puede adquirir una dimensión estratégica.
Brasil y África poseen ventajas comparativas en dos sectores clave para la transición energética mundial. El primero es el de los minerales críticos. Los países africanos cuentan con reservas de cobalto, grafito, litio y manganeso, insumos esenciales para baterías, vehículos eléctricos y tecnologías de energía renovable. Brasil también tiene reservas de grafito y litio, además de níquel y tierras raras.
Según las Naciones Unidas, el comercio de minerales críticos en bruto y semielaborados alcanzó en 2023 cerca de 2,5 billones de dólares, más del 10 % del comercio mundial, y se prevé que se triplique para 2030. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), en su edición 2025 del informe sobre perspectivas mundiales de minerales críticos, estima que la demanda de litio podría quintuplicarse hacia 2040, mientras que la de cobalto y tierras raras podría aumentar entre 50 y 60 %.
Si Brasil y África exportaran simplemente materias primas para satisfacer esta demanda, repetirían la trampa extractiva. Sin embargo, mediante la creación de cadenas de producción compartidas, acuerdos de transferencia de tecnología, actividades de investigación conjuntas y políticas industriales centradas en la incorporación local de valor añadido, podrían convertir su dotación de recursos en crecimiento y desarrollo sostenidos.
Ambas regiones también tienen condiciones para la generación de energía solar y eólica entre las mejores del mundo. En muchos países africanos proliferan instalaciones solares descentralizadas que amplían el acceso a electricidad en zonas rurales y periferias urbanas, a menudo mediante programas de financiación en cuotas («pay as you go»). Brasil, por su parte, es líder mundial en biocombustibles y tecnologías hidroeléctricas. Según la AIE, el país aporta casi el 7 % de la producción mundial de energía renovable, aunque representa solo el 3 % de la población y el 2 % del PIB. Brasil mantiene inversiones en ampliar y «enverdecer» el acceso a la energía, como el Programa de Energía del Amazonas, que busca sustituir la generación basada en gasóleo en los Sistemas Aislados de la Amazonia Legal por fuentes limpias y renovables.
La cooperación en energías renovables puede beneficiar tanto a África como a Brasil. Brasil puede aportar capacidades técnicas e institucionales; su programa «Luz para Todos», que desde 2003 ha conectado a la red eléctrica a más de 17 millones de brasileños de zonas rurales, es una iniciativa que se puede adaptar a contextos africanos. Los países africanos pueden compartir soluciones innovadoras para la ampliación del acceso a energía, incluido el modelo «pay as you go» y la microgeneración.
La instalación de infraestructuras renovables no es suficiente por sí sola para lograr un desarrollo verde. Se requiere aumentar las capacidades productivas y tecnológicas, así como formar y emplear trabajadores cualificados. Una transformación industrial verde debe generar empleo, tercera área crucial para la cooperación. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables, de aquí a 2030 la transición energética puede crear millones de puestos de trabajo en África, sobre todo en energía solar, infraestructuras eléctricas y fabricación sostenible. Brasil también busca reorientar su modelo industrial hacia sectores vinculados con la economía descarbonizada.
Existen obstáculos importantes, siendo la financiación el mayor. África, a pesar de poseer el 60 % de los mejores recursos solares del mundo, recibe solo alrededor del 3 % de la inversión mundial en energía y el 2 % en energía limpia. Los países africanos enfrentan costos de endeudamiento extremadamente altos. Para promover la industrialización verde, se necesitan mecanismos de cooperación alternativos e iniciativas conjuntas de financiación Sur-Sur, así como más apoyo de los bancos de desarrollo y una mayor participación del sector privado.
África y América Latina han sido durante mucho tiempo meros proveedores de materias primas. Mediante la cooperación, las economías en desarrollo pueden transformar sus recursos estratégicos en capacidad industrial, tecnológica y política para crear economías sólidas, dinámicas y sostenibles.
Désiré Assogbavi es asesor para África en Open Society Foundations. Renata Albuquerque Ribeiro es responsable de desarrollo verde para Brasil en el Consejo Global de Comunicaciones Estratégicas.
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