María Angélica Ortigoza, Master Coach y presidenta de AACOP, analizó las razones que pueden explicar este fenómeno y puso el foco en la presión por el éxito, la incertidumbre y la necesidad de generar espacios de escucha.
La dificultad de muchos jóvenes para estudiar, trabajar o incluso pensar en un proyecto a futuro no necesariamente significa que no tengan sueños o aspiraciones. María Angélica Ortigoza, Master Coach y presidenta de la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP), sostuvo que detrás de estas situaciones puede existir una dificultad para encontrar un lugar para esas expectativas dentro del mundo que los rodea.
A partir de su experiencia trabajando con adolescentes y jóvenes, Ortigoza planteó que muchas veces el problema aparece cuando se interpreta que un joven “no tiene futuro” simplemente porque no logra definir qué quiere hacer con su vida.
“Hubo una época en la que he trabajado con jóvenes de los 16, 17 años hasta los 23 años porque justamente la observación que hacían era que no tenían futuro o no pensaban en el futuro. Y lo que yo descubrí en esa experiencia en realidad fue que los jóvenes no se sentían escuchados con respecto a sus propios sueños y también circulaba la expresión de que no tenían sueño o que no tenían futuro», señaló.
«Y cuando vos empezás a escuchar a los jóvenes en realidad no tiene que ver con que no tengan futuro o no sepan proyectar su futuro; lo que puedo decir al respecto es que si los escuchas a ellos, ellos tienen sus sueños, ellos tienen su futuro, solo que como que no encajan el mundo que ellos ven que está presente», añadió.
LA PRESIÓN POR TENER ÉXITO RÁPIDO
Para la especialista, una de las dificultades está relacionada con las exigencias que pesan actualmente sobre los jóvenes. La expectativa de obtener resultados rápidos puede chocar con los tiempos que requiere cada proceso personal.
“Porque en el mundo presente hoy se les pide, no solo a los jóvenes, a todos en general, como una respuesta inmediata y el éxito inmediato en lo que sea que hagas, sí. Y claramente el ser humano tiene un proceso de vida y en ese proceso de vida puede concretar situaciones o aspiraciones que tiene que ver con la maduración claramente de cada uno.”
En ese contexto, la adolescencia aparece como una etapa en la que todavía se están desarrollando herramientas para tomar decisiones y pensar en el largo plazo.
¿HASTA QUÉ EDAD SE CONSIDERA LA ADOLESCENCIA?
Ortigoza señaló que los aportes de la neurociencia permiten comprender parte de las dificultades que pueden aparecer cuando se les exige a los adolescentes que definan demasiado temprano qué quieren hacer con sus vidas.
“Nos aporta mucho la neurociencia en ese punto, que nos empezó a mostrar que las posibilidades de los jóvenes de proyectarse en el futuro tienen mucha relación con el nivel de desarrollo que nosotros tenemos en la parte frontal del cerebro, ¿no es cierto? Que se estima que ese nivel de desarrollo es el que nos permite a nosotros visualizar nuestras vidas con mayor proyección de tiempo, por ejemplo de 4, 5, 6 o 10 años.”
La especialista cuestionó así la expectativa de que un adolescente que está terminando la escuela secundaria pueda definir con precisión una carrera o un proyecto de vida para los próximos años.
“Es muy común a los jóvenes que están terminando su colegio secundario pedirle que se proyecten hacia una vida dentro de 10 años, dentro de 5 años, dentro de 3 años, que ellos tienen que elegir una carrera para estudiar. Y en realidad le estamos exigiendo una toma de decisión cuando todavía no tienen, y esto aportado por la neurociencia, no tienen el desarrollo del cerebro, la parte frontal, que es lo que nos habilita a poder prospectarnos en un futuro de corto, mediano, largo plazo. Entonces lo que nosotros podemos acompañar del coaching ontológico en estas situaciones es justamente poder mostrarles a los jóvenes que se puedan conectar con sus propias aspiraciones y que si no logran visualizar esas aspiraciones también es una buena oportunidad”.
Para Ortigoza, no tener una respuesta inmediata sobre el futuro tampoco debería interpretarse necesariamente como un fracaso. Utilizó la imagen de una hoja en blanco para explicar esa etapa de incertidumbre.
“Porque yo traigo este ejemplo por lo general de la hoja en blanco, ¿no?, a algunos nos da miedo las hojas en blanco, a otros nos genera el espacio de creación. Entonces cuando el joven se encuentra en una situación que no puede visualizar, es poder acompañarlo en realidad; eso es una gran oportunidad porque si hay algo que todavía no aparece, tenés la posibilidad de crearlo. Y es fundamental; claramente aquí también aparece otro quiebre muy importante porque hoy la familia, el entorno que pueda tener ese adolescente, está también en su propia incertidumbre, que también no solo los adolescentes están viviendo estos espacios de frustración, de miedo, de no tener cuestiones claras. Hoy el mundo entero está proponiendo una vida diferente a lo que nosotros hemos transitado anteriormente en la cual teníamos la posibilidad de contar con ciertos modelos que nos permitían proyectarnos; hoy eso ha desaparecido”.
EL ROL DE LA FAMILIA Y EL ENTORNO
La incertidumbre, según la especialista, no alcanza únicamente a los adolescentes. También atraviesa a los adultos que los acompañan y que muchas veces intentan orientar a los jóvenes desde un contexto que tampoco ofrece certezas.
“Entonces el entorno también del joven está viviendo de alguna manera la misma situación, salvando la distancia de que el adulto por lo menos tiene un espacio de experiencia que le ha generado recursos con los cuales puede transitar de una manera menos frustrante su vida, sí. Pero sí es muy importante el entorno del adolescente y del joven porque está sobre toda la comprensión, la paciencia, la empatía y el espacio de escucha para que el joven pueda expresarse de qué es realmente lo que tiene como motivación y también poder decir que no le motiva nada; pero poder estar, como acompasando ese proceso, es vital”.
En ese sentido, Ortigoza consideró que acompañar no significa necesariamente tener respuestas para todas las dudas del joven, sino ofrecer un espacio donde pueda expresar sus preocupaciones, intereses y también sus momentos de incertidumbre.
“NO HAY ESPACIO PARA SENTIRNOS EN PAZ SI TENEMOS TRISTEZA”
La especialista también planteó que la presión actual por alcanzar determinados resultados puede profundizar la frustración. Frente a la idea de que cada etapa debe conducir rápidamente hacia el éxito, señaló que la incertidumbre también forma parte de cualquier proceso de crecimiento.
“Yo creo que ninguna época fue fácil; solo que nosotros hoy como adultos tenemos más experiencia y creemos que este momento es más complejo que el que nos tocó vivir. Yo siempre pongo en esta situación: cuando nosotros nos tocó vivir la adolescencia con los recursos que teníamos disponibles en ese momento, también el mundo era complejo para nosotros. Entonces sí es cierto que hay un cierto nivel de complejidad hoy en el mundo en el cual no solemos tratarlos con un cierto nivel de sensibilidad que es lo que nos permite acompañarnos, sí. Por lo general hoy está todo diseñado para que los resultados sean inmediatos y que los resultados sean de éxito y que esos éxitos nos den la felicidad, como que hay un decreto de por medio que tenemos que ser felices; no hay espacio para sentirnos en paz si tenemos tristeza, por ejemplo”.
Desde esa mirada, la falta de certezas durante la adolescencia no debería ser entendida automáticamente como una ausencia de objetivos. Para Ortigoza, también puede tratarse de una etapa en la que todavía se están construyendo las herramientas para definirlos.
“Yo creo que tenemos que tener memoria de cuando nosotros transitábamos la adolescencia, en qué mar de oscuridades a veces navegábamos, en qué nivel de incertidumbres estábamos, no sabíamos a veces con quién contar. Poder el entorno generar un espacio de confianza para el adolescente es muy importante, muy importante y relevante que ellos sientan la compañía en confianza para poder expresar lo que realmente piensan o sienten”.
