Hace unos días, el mundo entero recibió al año 2026. Sin embargo, hubo una excepción que volvió a despertar la curiosidad global: Etiopía. En este país del Cuerno de África, millones de personas celebraron la llegada del año 2018, una diferencia de casi ocho años respecto del calendario gregoriano que domina en Occidente. Lejos de tratarse de un error o una excentricidad moderna, el fenómeno responde a tradiciones ancestrales, profundas raíces religiosas y a una forma distinta de concebir el tiempo.
Etiopía es el único país del mundo que utiliza oficialmente un calendario propio en su vida cotidiana. Este sistema, basado en el calendario de la Iglesia ortodoxa etíope —emparentado con el copto— no solo marca años distintos, sino que también divide el año de una manera singular: tiene 13 meses.
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UN CALENDARIO CON UN MES EXTRA Y UNA HISTORIA MILENARIA
El calendario etíope está compuesto por doce meses de exactamente 30 días cada uno y un decimotercer mes llamado Pagumē o Pagumen. Este último funciona como un “mes puente” que reúne los días sobrantes del año: cinco en los años comunes y seis cuando se trata de un año bisiesto. Esta estructura regular contrasta con la irregularidad del calendario gregoriano, donde los meses alternan entre 28, 30 y 31 días.
Etiopía, el único país que vive en 2018 mientras el mundo ya está en 2026
Foto: The Guardian
La diferencia más llamativa, sin embargo, está en el conteo de los años. Etiopía calcula el nacimiento de Jesús aproximadamente siete u ocho años más tarde que el mundo occidental. Este desfase teológico explica por qué, mientras en países como Argentina o España se vive 2026, en Etiopía el calendario marca 2018. Como consecuencia, el Año Nuevo etíope no se celebra el 1º de enero, sino el 11 o 12 de septiembre, según el año.
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Para los visitantes extranjeros, esta situación puede resultar desconcertante. No es raro que un turista compre un producto o contrate un servicio y reciba una factura fechada casi una década atrás. En la práctica, esto obliga a convivir con dos sistemas de tiempo que corren en paralelo.
DOS CALENDARIOS, UN MISMO PAÍS
A pesar de esta singularidad, Etiopía no vive aislada del mundo. En los ámbitos oficiales, comerciales e internacionales, el país utiliza el calendario gregoriano para evitar confusiones en acuerdos diplomáticos, vuelos, comercio exterior y comunicaciones globales. Bancos, aerolíneas y organismos estatales suelen indicar ambas fechas en documentos y contratos.
Por qué Etiopía celebra el año 2018 y no 2026: el misterio del calendario de 13 meses
Foto: Vox
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Sin embargo, en la vida cotidiana, social y religiosa, el calendario etíope es el que prevalece. Las festividades, los cumpleaños, las celebraciones familiares y los rituales religiosos se rigen por el sistema local, que es motivo de orgullo nacional y símbolo de continuidad histórica.
La llegada del Año Nuevo etíope, conocida como Enkutatash —que significa “regalo de las joyas”— es una de las celebraciones más importantes del país. Coincide con el final de la estación lluviosa y el inicio de la primavera, cuando los campos y colinas se cubren de flores amarillas llamadas meskel, que simbolizan el renacer y la esperanza.
Durante Enkutatash, las familias se reúnen para compartir comidas tradicionales como el doro wat, un estofado de pollo especiado, acompañado de injera, el característico pan fermentado elaborado con harina de tef. Las calles se llenan de música, cantos y danzas, en una celebración que combina religión, naturaleza y comunidad.
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Un país en otro tiempo: Etiopía y la razón por la que aún vive en 2018
Foto: Financial Times
Más allá de la anécdota temporal, el calendario etíope refleja una forma profunda de entender la identidad nacional. Etiopía es uno de los pocos países africanos que nunca fue colonizado formalmente, y esa independencia histórica se expresa también en la preservación de sus tradiciones, su lengua, su religión y su manera de medir el tiempo.
Los etíopes suelen verse a sí mismos como guardianes de una cultura milenaria, ligada a relatos históricos y bíblicos como la legendaria unión entre el rey Salomón y la reina de Saba. En ese contexto, vivir en “el pasado” no implica atraso, sino continuidad y resistencia frente a la estandarización global.
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Así, mientras el resto del mundo avanza en el calendario, Etiopía sigue su propio ritmo. Para sus habitantes, estar en 2018 no es una rareza ni un desfase, sino una expresión viva de su historia, su fe y su soberanía cultural.
Con información de Los Andes y Welcome Africa, editada y redactada por un periodista de ADNSUR
