El CONICET confirmó que los análisis de laboratorio identificaron el microorganismo sospechado en la mortandad de crías de ballena franca austral. Los resultados toxicológicos de ejemplares adultos aún están pendientes y no se reportan nuevos varamientos desde hace diez días.
El científico del CONICET Mariano Coscarella confirmó que los análisis realizados en Tandil identificaron la bacteria sospechada en la muerte de ballenatos en Península Valdés. Así lo declaró en diálogo con el programa Ahora en Comodoro, de ADNSUR.
Según explicó Coscarella, la bacteria detectada ya había sido reportada en ballenas francas australes en 2016. Se trata de un microorganismo que puede encontrarse en la piel de los cetáceos y que también fue asociado con la muerte de mamíferos marinos en otras partes del mundo.
El investigador señaló que aún se desconoce por qué este año la bacteria produjo una mortalidad elevada entre los ballenatos. «Lo que ha hecho que este año sea particularmente patógeno aún lo estamos investigando», afirmó. Aclaró que determinar las condiciones que favorecieron este comportamiento puede llevar varios años.
En paralelo, las muestras de ejemplares adultos fueron enviadas al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), en Mar del Plata, para evaluar una posible exposición a biotoxinas vinculadas con la marea roja. Los resultados toxicológicos aún no están disponibles.
Coscarella estimó que se registraron al menos 14 muertes de ejemplares adultos y juveniles, cifra que, según indicó, se encuentra dentro de los antecedentes de temporadas anteriores. En el caso de los ballenatos, el número definitivo no está cuantificado, pero el investigador aseguró que supera ampliamente los valores habituales.
El científico explicó que la pérdida de una camada puede afectar temporalmente el ritmo de crecimiento de una población, aunque sus consecuencias dependen de la magnitud de la mortandad. La muerte de un número elevado de hembras adultas reproductivas podría representar un impacto más importante para la población.
Respecto al monitoreo, Coscarella recordó que los censos de ballenas presentan variaciones de un año a otro. El último relevamiento contabilizó 1.375 ballenas, incluidas 409 crías vivas, mientras que el año anterior se registraron 2.110 ejemplares y 816 crías vivas. Estas diferencias no permiten establecer por sí solas una tendencia, ya que los resultados también dependen del momento del relevamiento, las condiciones de observación y la cantidad de animales presentes en la zona.
El especialista detalló que, cuando se encuentra un ejemplar muerto en la costa, la Red de Fauna Costera de Chubut da aviso a los equipos científicos, que evalúan si corresponde tomar muestras y qué procedimientos realizar. Según el tamaño del animal, las condiciones del lugar y los recursos disponibles, se pueden obtener muestras externas o realizar una necropsia completa. Habitualmente, el material recolectado se conserva congelado hasta que se realizan los estudios correspondientes.
En cuanto a la ausencia de nuevos varamientos durante aproximadamente diez días, Coscarella señaló que la temporada reproductiva está llegando a su fin y que las ballenas comienzan a retirarse de la zona hacia sus áreas de alimentación. No descartó que puedan aparecer nuevos ejemplares muertos durante las próximas semanas.
El investigador también destacó el trabajo del municipio de Puerto Madryn en la remoción de los ejemplares muertos en playas públicas o concurridas para evitar posibles problemas sanitarios y ambientales.
