Netflix, Prime Video y Max producen series y documentales sobre figuras públicas que siguen vivas. La tendencia incluye casos como Moria Casán, Miguel Bosé, Victoria Beckham, Fito Páez, Neymar y Georgina Rodríguez, con diversos niveles de participación y controversias por la representación de terceros.
El streaming produce cada vez más series y documentales sobre figuras públicas que siguen vivas. Estas producciones cuentan con la autorización, participación o tolerancia de los protagonistas, aunque en varios casos generaron polémicas por la manera en que fueron retratados terceros que no fueron consultados.
El estreno de Moria, la ficción sobre Moria Casán que Netflix lanzó en agosto, es el ejemplo más reciente. La producción recorre distintas etapas de su vida, desde su infancia como Ana María Casanova hasta su consolidación como ícono del espectáculo argentino. Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth la encarnan en distintos momentos, mientras la propia Moria narra y comenta su historia dentro de la trama.
El estreno, el 14 de agosto, generó elogios por el casting y la audacia narrativa, pero también una polémica. Jorge Porcel Jr., Silvina Escudero y la familia de Luis Vadalá evaluaron acciones legales por la manera en que fueron mostrados o por no haber sido incluidos en el relato. Moria respondió que la serie debía contar su verdad y no la de cada persona que pasó por su vida.
Otro caso es Bosé renacido, de Prime Video. Miguel Bosé decidió contar su propia versión de los hechos frente a cámara, en un formato que definió como la entrega final de sus verdades, después de haber publicado una autobiografía y de que Movistar produjera una serie de ficción sobre su vida. La docuserie recorre su infancia, su carrera musical y su llegada a la paternidad. La disputa por la custodia de sus hijos gemelos queda apenas mencionada.
Victoria Beckham, de Netflix, sigue su preparación para el desfile de Paris Fashion Week, mientras repasa su salida de las Spice Girls y su reconversión en diseñadora. La producción evita dos temas: el escándalo de infidelidad que remeció a la pareja en 2004 y los rumores de distanciamiento con su hijo mayor, Brooklyn, el único de los cuatro hijos que no participa de la serie.
El amor después del amor, también de Netflix, es la biopic ficcionada sobre la vida de Fito Páez y su vínculo con Fabiana Cantilo y Cecilia Roth. Fue supervisada por el propio músico y elogiada por el parecido físico de su elenco. Fabiana Cantilo señaló que no participó en la construcción del relato y que algunas escenas no reflejaban fielmente lo vivido. Cecilia Roth quedó en el centro del debate por la exposición de aspectos de su vida privada. Músicos rosarinos de la primera etapa de Fito manifestaron malestar al verse retratados como personajes periféricos sin voz propia.
La familia Baldwin, de Max, fue producida por Alec e Hilaria Baldwin junto a TLC. La serie arrancó semanas después de que el juicio contra el actor por la muerte de la directora de fotografía Halyna Hutchins, ocurrida en el rodaje de la película «Rust», terminara desestimado por la Justicia. La serie reconoce el peso de esa tragedia sobre la familia, pero se centra en la crianza de sus siete hijos y en la dinámica de pareja. La crítica señaló la incomodidad de ver una tragedia real convertida en telón de fondo de un show doméstico.
Neymar, O Caos Perfeito, de Netflix, recorre su infancia humilde, su explosión en el Santos, su paso por el Barcelona y por el PSG. Neymar compartió el estreno en sus redes sociales con un mensaje breve, invitando a que el público sacara sus propias conclusiones. La crítica coincidió en que el tono termina siendo indulgente con el jugador. La denuncia por acoso sexual que Neymar enfrentó en 2019 apenas se menciona.
Soy Georgina, de Netflix, cuenta la historia de Georgina Rodríguez por fuera del rótulo de pareja de Cristiano Ronaldo. El reality combina lujo, maternidad y vida empresarial. Las reacciones del público estuvieron divididas. La última temporada dejó un dato: el personaje más criticado no fue Georgina ni Cristiano, sino Ramón Jordana, su representante, señalado en redes como una figura controladora sin haber tenido la oportunidad de dar su propia versión.
Las plataformas descubrieron una fórmula que mezcla el prestigio del documental con la emoción de la autobiografía, pero aún no resolvieron qué hacer con quienes también fueron parte de esas historias y no firmaron ningún consentimiento.
