Rubén Zárate, presidente de la Agencia Comodoro Conocimiento, señaló que la ciudad perdió parte de su entramado industrial y planteó una agenda para recuperar capacidades productivas, con la acuicultura como uno de los proyectos más concretos y con la posibilidad de abastecer a otras actividades de la región.
Comodoro Rivadavia llega al Día de la Industria con una paradoja: conserva capacidades técnicas, empresariales y de ingeniería desarrolladas durante décadas alrededor de los hidrocarburos, pero al mismo tiempo perdió buena parte de las actividades industriales que alguna vez utilizaron esas capacidades para producir localmente.
Aun cuando la actividad petrolera sigue presente, en una escala menor a la conocida, el interrogante que se abre es qué puede producir Comodoro cuando parte de aquella capacidad ha quedado ociosa, o se trasladó hacia otras regiones.
Esa es la lectura que plantea Rubén Zárate, presidente de la Agencia Comodoro Conocimiento, al analizar el escenario industrial de la ciudad. Su diagnóstico parte de un proceso que, según explica, comenzó hace al menos 15 años y que modificó la relación entre la actividad petrolera y el entramado productivo local.
“Ha habido una disminución en las tramas productivas de las áreas más industriales vinculadas a la producción de hidrocarburos”, sostiene. Y agrega que el cambio tecnológico y la concentración de actividades en grandes empresas de servicios fueron acompañados por un proceso de sustitución de producción local mediante importaciones.
De producir equipos a prestar servicios
El caso de Lufkin, que hasta el año 2017 producía en Comodoro Rivadavia los equipos AIB (Aparatos Individuales de Bombeo) sirve como referencia de ese cambio. Para Zárate, no se trata de un fenómeno exclusivamente comodorense. La transformación alcanzó a buena parte de la Cuenca del Golfo San Jorge y estuvo vinculada con una reorganización de la industria petrolera que favoreció una mayor integración de las grandes empresas de servicios.
El proceso, afirma, se viene produciendo “por lo menos desde el año 2010 en adelante” y significó una reducción de las fases productivas industriales que funcionaban como apoyo a la actividad hidrocarburífera. Al mismo tiempo, las grandes compañías fueron concentrando una porción mayor de la cadena de valor.
Por eso, ante la pregunta de si Comodoro dejó de ser una ciudad industrial, Zárate evita una respuesta categórica. Prefiere definir a la ciudad y al conjunto del Golfo San Jorge como “un territorio en transición”.
El problema, en su interpretación, es que la transición no fue acompañada por una nueva estrategia productiva de la misma magnitud. “Hay que hacerse cargo” de que tanto la dirigencia empresarial como la política no asumieron políticas de largo plazo suficientes para incorporar el cambio tecnológico, convertir conocimiento en nuevas empresas y generar empleo en actividades de mayor intensidad tecnológica, plantea.
El punto que falta: separar industria de servicios
Zárate considera que la separación entre actividad industrial y servicios petroleros es necesaria para pensar el futuro de Comodoro. Durante años, buena parte de la discusión productiva quedó concentrada en la relación entre operadoras, sindicatos y empresas de servicios. Pero, según plantea, una política industrial requiere otro enfoque. “Las dinámicas industriales requieren estrategias específicas distintas de esas dinámicas”, sostiene. El primer paso, por eso, sería identificar cuáles son efectivamente las capacidades industriales que todavía existen en Comodoro y la región y, a partir de allí, diseñar políticas específicas.
La mirada no supone abandonar la relación con los hidrocarburos. Por el contrario, implica aprovechar capacidades construidas en torno a esa actividad para vender productos y conocimiento a otras cadenas.
Zárate menciona posibilidades vinculadas con la minería de Santa Cruz, los hidrocarburos de Neuquén o actividades productivas de otras provincias patagónicas. La idea es que Comodoro pueda funcionar como proveedor industrial de distintas cadenas, en lugar de mantener una relación casi exclusiva de dependencia respecto de la actividad extractiva local.
En ese punto aparece una diferencia importante: no se trata solamente de diversificar los servicios que se le prestan al petróleo, sino de recuperar una estrategia industrial propia. “Lo que tenemos que poner nosotros en el centro es la estrategia industrial productiva. No la estrategia de servicios subordinada a lo extractivo”, resume Zárate.
Una agenda amplia, con un proyecto que ya tiene forma
La propuesta excede a los hidrocarburos. Zárate plantea una “agenda territorial industrial con agregado de valor a los recursos naturales” y señala a los hidrocarburos, la pesca y el aluminio como tres de los sectores centrales de la economía provincial.
Su argumento es que el crecimiento de esas actividades no necesariamente se traduce en mayor generación de empleo industrial. Por eso considera necesario complementar las estrategias de inversión y crecimiento con políticas de industrialización y agregado de valor. Pero cuando la conversación abandona las definiciones generales y se pregunta por actividades concretas que puedan crecer en el corto o mediano plazo, aparece un nombre con mayor nitidez: la acuicultura y, particularmente, la maricultura.
Zárate señala que la Patagonia Austral fue identificada por la FAO como una región con alto potencial para el desarrollo de la acuicultura y destaca la experiencia de Chile, donde la actividad se convirtió en una industria relevante en las provincias patagónicas.
Más allá de las comparaciones internacionales, el argumento que interesa para Comodoro es otro: la acuicultura requiere ingeniería, manejo de fluidos, equipamiento, procesamiento y capacidades industriales que podrían vincularse con conocimientos ya existentes en la ciudad.
Y allí aparece una diferencia respecto de otros planteos de diversificación que suelen quedar en el terreno de las posibilidades. Según Zárate, en este caso ya existe un proyecto que busca avanzar hacia una etapa concreta. Para que eso ocurra, identifica una primera tarea estatal: determinar cuáles son las zonas apropiadas para desarrollar una actividad de este tipo y establecer las reglas bajo las cuales puedan convocarse inversiones.
En esa línea ubica también el proyecto de ordenanza actualmente en tratamiento en el Concejo Deliberante, vinculado con tierras que se deben restituir a la Zona Franca local. Según explicó, la intervención de la agencia apunta a que las condiciones fiscales puedan facilitar inversiones y servir como punto de partida para la construcción de un “cluster acuícola” y de desarrollo marítimo regional.
¿Por qué acuicultura?
La elección de esta actividad no aparece planteada solamente como una alternativa al petróleo. Zárate sostiene que puede tener características industriales propias y generar una cadena productiva continua, a diferencia de la pesca extractiva, más condicionada por las temporadas.
“Permite tener resultados muy pronto”, afirma al referirse a la industria acuícola, y sostiene que Comodoro ya cuenta con capacidades industriales y de servicios compatibles con esa actividad.
También menciona la disponibilidad de especies adaptadas al Atlántico y pone como ejemplo a la trucha. Su argumento es que el desarrollo de sistemas de producción en el mar permitiría pasar de una lógica basada en la captura a un proceso industrial programado, con producción y procesamiento orientados a distintos mercados.
El planteo todavía requiere estudios técnicos, ambientales y económicos. El propio Zárate destaca la necesidad de acelerar la “curva de aprendizaje” y comprender cuáles son las condiciones efectivas de viabilidad. En ese sentido, menciona el vínculo con la Universidad de los Lagos, institución que acompañó el desarrollo de la acuicultura chilena durante décadas.
Es, precisamente, uno de los pocos ejemplos de la entrevista en los que una idea de diversificación aparece acompañada por un proyecto, una intervención estatal concreta y una referencia territorial sobre la cual avanzar.
El desafío de pasar del diagnóstico a una política industrial
La agenda que propone Zárate es más amplia que la acuicultura. Incluye minería (para brindar servicios a la actividad que se desarrolla en Santa Cruz), pesca, hidrocarburos, capacidades de ingeniería y la posibilidad de que empresas de Comodoro produzcan para mercados regionales.
Pero el diagnóstico también deja expuesta la dificultad central: buena parte de esas capacidades existen, aunque no necesariamente están articuladas en una estrategia industrial.
“Las capacidades tecnológicas, las capacidades de gerenciamiento y de gestión empresarial, las capacidades de ingeniería e incluso en algunos casos capacidades de máquinas herramientas están presentes”, afirma. El interrogante que queda abierto es cómo convertir esas capacidades dispersas en empresas, productos, inversiones y puestos de trabajo concretos.
Para Zárate, la respuesta no puede quedar exclusivamente en manos del municipio ni del sector privado. Propone un “nuevo pacto de desarrollo en el territorio” que incorpore la industrialización y el agregado de valor de los recursos naturales. En ese esquema también asigna responsabilidades a las operadoras, a las empresas y al Estado. Recuerda que “las compañías petroleras tuvieron en el pasado programas de desarrollo de pymes mucho más importantes que los actuales” y considera que el cambio de perfil de la actividad no fue compensado por políticas de similar alcance.
Comodoro después del petróleo convencional
El planteo llega en un momento en que la industria hidrocarburífera convencional atraviesa una transformación profunda y en el que la actividad económica de la región ya no puede pensarse únicamente a partir de su capacidad para sostener el modelo productivo construido alrededor del petróleo.
Zárate propone mirar más allá de esa coyuntura y sostiene que Comodoro tiene condiciones para desarrollar una estrategia industrial propia. Pero su definición final es significativa porque vuelve a colocar el foco en las capacidades existentes, más que en imaginar una industria completamente nueva.
“Las posibilidades que tiene Comodoro son muy altas, también a nivel de recursos humanos y tecnológicos”, afirma. Y advierte que la región debería acortar el período de “duelo” por la situación de la industria convencional para comenzar a trabajar sobre esas nuevas agendas.
Para una ciudad cuya identidad productiva estuvo durante décadas asociada al petróleo, el debate del Día de la Industria queda planteado, así, en términos bastante concretos: qué sabe hacer todavía Comodoro, qué puede fabricar con esas capacidades y para qué mercados puede hacerlo.
La acuicultura aparece hoy como uno de los proyectos que ya empezó a recorrer ese camino. El desafío mayor será que la discusión sobre diversificación deje de ser solamente una declaración de intenciones y pueda traducirse en inversiones, empresas y producción local.
