Analistas prevén un segundo semestre con menor oferta de divisas, mayor presión cambiaria y un ritmo de suba del dólar oficial más alineado con la inflación.
El comportamiento del dólar volvió a instalarse en el centro de la escena económica argentina luego de un primer semestre marcado por su atraso relativo frente a la inflación. En junio, el tipo de cambio oficial mostró una suba cercana al 5% y alcanzó su nivel más alto en varios meses, movimiento que el mercado interpretó como una corrección esperada.
Pese a este repunte, el balance del año sigue mostrando un dólar que corre por detrás del aumento de precios. Mientras la inflación acumulada ronda el 16% en lo que va de 2026, el tipo de cambio apenas avanzó alrededor de un 1,5%. Este desfasaje plantea la pregunta de si el dólar podrá recuperar terreno en los próximos meses o si continuará perdiendo frente al costo de vida.
Los contratos de dólar futuro proyectan una trayectoria ascendente moderada, con valores que sugieren un ajuste gradual. La tendencia apunta a un tipo de cambio que acompañe, aunque no necesariamente supere, la inflación en la segunda mitad del año.
Menos dólares y más presión
Con el cierre de la liquidación de la cosecha gruesa, se espera una reducción en el ingreso de divisas provenientes del agro, una de las principales fuentes de dólares del país. Esto limita la capacidad del Banco Central para intervenir en el mercado y sostener la oferta.
A esto se suma la persistencia de la inflación y las tasas de interés reales negativas, que afectan el atractivo de las inversiones en pesos. Episodios de subas bruscas del dólar, como el registrado en junio, refuerzan la percepción de riesgo entre inversores y ahorristas. También influyen la demanda de divisas por parte de empresas para el giro de utilidades al exterior y el aumento de la liquidez tras el cobro del medio aguinaldo.
El impacto del escenario internacional
El fortalecimiento global del dólar, impulsado por la política monetaria de Estados Unidos, genera presión sobre las monedas emergentes. La posibilidad de que la Reserva Federal mantenga tasas altas por más tiempo refuerza esta tendencia. En la región, la depreciación del real brasileño —moneda del principal socio comercial de Argentina— suele trasladarse al mercado local y presiona al alza el tipo de cambio.
Qué esperan los analistas
Las proyecciones de los especialistas coinciden en que el escenario más probable es el de una corrección ordenada del dólar, sin sobresaltos bruscos en el corto plazo. No obstante, advierten que el actual nivel del tipo de cambio real muestra signos de apreciación, lo que podría requerir ajustes para evitar distorsiones en la competitividad. El mercado no descuenta una devaluación abrupta, pero sí un deslizamiento progresivo que permita reducir el atraso cambiario.
Entre los factores a monitorear aparecen la evolución de la inflación, el flujo de exportaciones —especialmente del sector energético— y el contexto financiero internacional.
Una economía con tensiones estructurales
Si bien el superávit comercial se mantiene, en parte por la caída de importaciones, la cuenta corriente sigue mostrando déficit, impulsado principalmente por el saldo negativo en servicios, especialmente turismo. El ingreso de capitales y acuerdos financieros permitieron compensar parcialmente ese desequilibrio.
En este escenario, el dólar vuelve a ser una variable clave para el mercado financiero y la economía real. El consenso apunta a un camino intermedio: un dólar que se mueva más rápido que en la primera mitad del año, pero sin desbordes.
