Las empresas Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada ante el Estado nacional para poner en marcha la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Arroyito, Neuquén, con un desembolso superior a los US$120 millones. El proyecto prevé 36 meses de obras y la creación de 200 empleos directos.
La Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Arroyito, ubicada sobre la margen del río Limay en la provincia de Neuquén, no registra producción comercial continua desde 2017. Las empresas Saesa y Spark formalizaron una iniciativa privada ante el Estado nacional con el objetivo de recuperar el complejo, contemplando un desembolso superior a los US$120 millones para modernizar las instalaciones.
Los detalles de la propuesta fueron expuestos por Juan Bosch, presidente de Saesa, durante su participación en el ciclo de streaming Dínamo de EconoJournal. Bosch indicó que las gestiones administrativas se iniciaron el 19 de mayo.
La propuesta plantea tomar gas de Vaca Muerta como insumo y producir agua pesada (D2O) para el mercado global. La planta separa deuterio a partir de hidrógeno derivado del gas natural. Bosch señaló un incremento sostenido en la demanda internacional por nuevos desarrollos científicos y afirmó: “El agua pesada también se usa para la salud. Se usa para medicamentos, inteligencia artificial, semiconductores, microchips y estudios de resonancia magnética. Hay una demanda creciente y un consenso global de que hay un faltante en las industrias vinculadas con el pharma, la salud y la biotecnología”.
Bosch declaró: “Argentina tiene la planta industrial de agua pesada más grande del mundo. Es la única del hemisferio sur y es capaz de exportar agua pesada al mundo. El agua pesada es Vaca Muerta transformada en valor agregado, en trabajo, desarrollo y exportaciones”.
Para materializar el proyecto, Saesa conformó una alianza con la firma de ingeniería Spark. El plan integral de obras contempla un horizonte de ejecución estimado en 36 meses para alcanzar la plena operatividad, aunque los técnicos evalúan la posibilidad de habilitar de forma anticipada la primera de las dos líneas de producción.
El mecanismo legal previsto no transfiere la propiedad del activo público. Bosch aclaró: “La planta va a seguir siendo propiedad del Estado nacional; solamente va a ceder la operación y la comercialización del producido”.
La estrategia comercial cuenta con memorandos de entendimiento firmados con compradores del exterior, quienes solicitaron acelerar los tiempos para asegurar la provisión del insumo. De cumplirse las proyecciones técnicas, la reactivación permitiría la creación de 200 puestos de trabajo directos en la provincia de Neuquén.
Bosch sostuvo: “Lo que me preocupa es vencer la inercia. Tenemos los compromisos de inversión, de provisión de gas y de compra del agua pesada; con foco y determinación, en menos de tres años podemos estar en el top five del mundo”.
La PIAP es propiedad de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y tiene una capacidad de diseño de 200 toneladas anuales. Fue inaugurada en 1993. Desde 2017 la planta no registra producción comercial continua, lo que obligó a la CNEA a importar agua pesada desde Rumania para abastecer a las centrales nucleares locales Embalse y Atucha I y II.
En el plano internacional, la Agencia Internacional de Energía señaló que la generación nuclear marcó un récord en 2025 y que seguirá creciendo de forma sostenida hasta 2030, impulsada por nuevos reactores en China, India y Corea y por reinicios en Japón. Sin embargo, la mayor parte de esa nueva capacidad usa agua liviana, y el mercado natural del D2O queda acotado al segmento de uranio natural y a usos industriales y médicos.
El análisis de la propuesta quedó bajo la órbita de los equipos técnicos de la CNEA, quienes deberán evaluar la sustentabilidad del proyecto y los pliegos licitatorios correspondientes.
