Familiares de Aníbal Cepeda, el jubilado petrolero asesinado y descuartizado en Río Gallegos, viajaron a Santa Cruz para darle el último adiós. Revelaron que la víctima planeaba mudarse a Mendoza y que el detenido se hizo pasar por él para evitar la denuncia.
La familia de Aníbal Cepeda, el jubilado de 72 años asesinado y descuartizado en Río Gallegos, viajó a Santa Cruz para despedir sus restos. Durante el velorio, los familiares contaron detalles que agravan la conmoción por el crimen.
Según informaron, Cepeda estaba a punto de mudarse a Mendoza para comenzar una nueva etapa. “Él ya se estaba por ir a vivir a Mendoza, ya se había llevado todas sus cosas y acá estaba alquilando algo amueblado porque no tenía nada”, dijo Isabel Britos, nuera de la víctima, en diálogo con LU12 AM680. El contrato de alquiler vencía el 6 de mayo, fecha en la que, según la investigación, ya había sido asesinado.
La familia viajó desde Campana, Buenos Aires, con la esperanza de encontrarlo con vida. Creían que podía haberse ido al campo, como solía hacer. La búsqueda terminó con el hallazgo de sus restos en un complejo abandonado de Río Gallegos.
“Era un hombre buenísimo, súper tranquilo. Amable, un hombre muy trabajador”, expresó Cristian Cepeda, hijo de la víctima. Cepeda trabajó dos décadas en el sector petrolero y se jubiló en Río Gallegos. Había cobrado una indemnización en 2024, parte de la cual usó para comprar una camioneta, dato que forma parte de la investigación.
Por el crimen está detenido Félix Marcelo Curtti, de 61 años, principal sospechoso. Los investigadores analizan movimientos bancarios, celulares y mensajes enviados desde el teléfono de la víctima tras su desaparición. La familia sospecha que el asesino respondió mensajes haciéndose pasar por Cepeda para demorar la denuncia.
“Ya era el asesino que contestaba sus mensajes haciéndose pasar por mi suegro para que no lo viniéramos a buscar”, afirmó Isabel. Los familiares esperan justicia. “Que pague. Si no lo paga en la tierra, lo va a pagar con la justicia divina”, agregó. Cristian, entre lágrimas, concluyó: “Me arrebataron a mi papá. Veníamos con la esperanza de encontrarlo con vida”.
