Petition!, la historieta europea que denunció la desaparición de Oesterheld y desafió el silencio de los militares

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En el marco de los 50 años del golpe militar en Argentina, la historia de Pétition! vuelve a cobrar relevancia como documento clave de la denuncia internacional contra la desaparición forzada. Se trata de un libro impulsado por Amnistía Internacional en la Europa de los años 80 y concebido como una campaña cultural para exigir información sobre el paradero de Héctor Germán Oesterheld y de “tantos otros” detenidos-desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.

Lejos de ser una simple antología, Pétition! articuló historietas, textos de denuncia y una petición de firmas destinada a presionar a las autoridades. El objetivo era forzar respuestas sobre el destino de las víctimas del terrorismo de Estado en Argentina y romper la distancia simbólica que separaba a Europa de lo que ocurría en el Cono Sur.

La obra fue impresa a fines de 1985 en la Bélgica francófona, registrada como publicación de 1986, con una tirada limitada de 5.950 ejemplares. Esa circulación acotada la convirtió durante décadas en una pieza casi inhallable, más cercana al archivo que al circuito editorial tradicional. Su reciente rescate y traducción permiten hoy que un nuevo público acceda a un material pensado como intervención política directa.

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Además, el renovado interés por la figura de Oesterheld -autor de El Eternauta– reabrió en los últimos años debates sobre militancia, autoría y desaparición forzada en la cultura popular. En ese contexto, Pétition! aparece como un antecedente concreto de cómo la producción cultural fue utilizada para denunciar la violencia estatal y el silencio de los militares, desde fuera del país.

Un proyecto europeo que convirtió la historieta en denuncia internacional

La singularidad de Pétition! reside en el perfil de quienes participaron del proyecto. Autores centrales de la historieta franco-belga, como William Vance, Mitacq, Tome & Janry y Bob de Moor, pusieron su trabajo al servicio de una causa de derechos humanos, en un gesto inusual para el mainstream europeo de la época.

El caso de Oesterheld llegó a los activistas no solo por la gravedad de su desaparición, sino también por el peso cultural de su obra. Según una ficha institucional sobre víctimas de lesa humanidad, el guionista “fue privado ilegítimamente de la libertad el 27/04/1977”, permaneció cautivo “en condiciones inhumanas y bajo tormentos” en centros clandestinos como “El Campito” y “El Vesubio”, y “se tuvo por acreditado que fue asesinado durante su cautiverio y que se ocultó el destino de sus restos, que no han sido localizados”.

Ese marco represivo es el que el libro busca visibilizar este nombre propio como puerta de entrada a una realidad sistémica. En materiales que reconstruyen la historia de la publicación, se repite una idea clave: el lenguaje de la historieta permitió que la denuncia circulase en ámbitos culturales donde otras formas de información no llegaban.

La idea del libro nació en 1981, su elaboración se desarrolló durante 1982 y el proceso demandó más de dos años y medio, motivo por el que se publicó durante la primavera democrática. El propio equipo editorial se definió como “neófitos” en la edición de campañas, lo que explica la complejidad y los tiempos del proyecto.

Un artículo de referencia en prensa cultural francófona destacó incluso la imagen de tapa –Oesterheld llevado a punta de pistola– atribuida a William Vance, como síntesis visual del objetivo del volumen: incomodar y forzar una toma de posición.

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“No venimos a hacer propaganda”: arte, memoria y acción política

Desde el apartado “Noticia importante”, el libro fija con claridad su postura editorial: “No venimos a hacer propaganda: venimos a testimoniar”. Aclara que no busca “perjudicar al gobierno actual”, en referencia al contexto de transición democrática en el que fue publicado, sino volver sobre el pasado para que no se repita.

El texto reconoce límites y posibles errores de reconstrucción histórica y explicita una decisión política: privilegiar lo verosímil por sobre la restitución exacta cuando el objetivo es transmitir una verdad histórica. El dilema “arte vs. documento” se resuelve de manera explícita como “arte para decir una verdad política”.

En ese marco, Pétition! funciona como un “ensayo furioso” contra la idea de que la historieta deba ser inofensiva o ajena a la política. Utiliza símbolos del mainstream europeo -con referencias al “mundo Tintín” y a la cultura de consumo- para cuestionar la pasividad social frente a los crímenes cometidos en el Cono Sur.

Esa denuncia se expresa también en viñetas y diálogos de extrema crudeza:

— “¡Lo siento señora, son las órdenes… tenemos que llevarnos todo!”.
—“¿Dónde están sus hijas? ¡Son peligrosas terroristas! ¡Responda!”.
— “No tengo idea de dónde están… ¡Y además no son terroristas! ¡Y si supiera dónde están, no le diría nada, porque soy la madre!”.
— “¡Señora!!! ¡Baje, o abriremos fuego!”.

Estas escenas no solo apuntan a exponer el accionar represivo, sino también a interpelar al lector europeo y cuestionar el consumo de una cultura “sin conflicto” mientras en Argentina se ejecutaba el terrorismo de Estado.

La familia de Oesterheld y la búsqueda como vida cotidiana

Uno de los ejes más consistentes del volumen es el foco en la familia de Oesterheld, en particular en la figura de su esposa Elsa y en el destino de sus hijas. Las páginas dedicadas a esa peregrinación construyen la idea de la búsqueda como parte de la vida cotidiana: viajes, denuncias, presentaciones internacionales y la Plaza de Mayo como escenario permanente.

En reconstrucciones periodísticas sobre el origen del proyecto, se menciona que una nota publicada en la revista Spirou ayudó a activar el interés por el caso en Europa y a pensar la salida editorial como herramienta de campaña internacional. La cultura popular funcionó, en ese sentido, como vector de presión política.

Por eso Pétition! no se detiene en la toma de conciencia. Exige una acción concreta: firmar y devolver la petición. La frase que acompaña al título, “A la búsqueda de Oesterheld y de tantos otros”, resume su sentido político.

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