John Malkovich vuelve a Buenos Aires con Sabato y Piazzolla en su equipaje: El tango es el talento realizado

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John Malkovich habla con elegante convicción. Con la distinción de un intérprete, hila ideas y consigue que sus pensamientos desplacen a la figura que Hollywood convirtió en celebridad. Desde una antigua construcción de Nueva Orleáns, revela detalles de la propuesta teatral que fusiona literatura, música en vivo y actuación y que lo traerá de nuevo a la Argentina.

El próximo viernes 27 de marzo se presentará en el Teatro Ópera con El infame Ramírez Hoffman, una propuesta escénica basada en textos del escritor chileno Roberto Bolaño. En esta nueva obra, Malkovich asume el rol de narrador y protagonista durante 90 minutos, acompañado por un trío musical integrado por la pianista franco-rusa Anastasya Terenkova, el violinista Andrej Bielow y el bandoneonista Fabrizio Colombo. El repertorio incluye obras de Astor Piazzolla, Antonio Vivaldi, Erik Satie y Alberto Iglesias, que forman parte central del relato.

Basada en textos de Roberto Bolaño, la obra reconstruye la figura de Ramírez Hoffman, un aviador y poeta que escribe versos en el cielo mientras participa del aparato represivo de la dictadura chilena. A través de una parodia oscura, el espectáculo expone a un personaje que pretende justificar la violencia en nombre del arte y plantea una pregunta incómoda: ¿puede la creación artística situarse por encima de la ética? La pieza dialoga con la memoria política latinoamericana y con el impacto del terrorismo de Estado.

En diálogo con LA NACION, el actor reflexiona sobre esa tensión entre creación artística e ideología y sobre la responsabilidad moral del artista.

John Malkovich vuelve a Buenos Aires con una obra que combina textos y música

-En la obra, el arte y el horror conviven. ¿Te interesa ese espacio donde la belleza y la oscuridad se encuentran?

-No tanto en lo personal, porque creo que la oscuridad siempre está disponible si uno siente la necesidad de su compañía. Pero, por supuesto, el arte suele explorar la oscuridad, sus orígenes, su inicio, su germen, su profundidad y sus diversos colores. Así que está siempre presente en el arte. Por una razón u otra, no creo que haya mucho arte feliz.

-¿Cómo llegó a sus manos el texto de Roberto Bolaño y la idea de hacer este proyecto?

-Hace muchos años trabajé en una pieza de Philip Glass con una joven pianista rusa llamada Ksenia Kogan en un festival en Milán. Tiempo después, ella se acercó a mí para volver a hacerla. Le propuse hacer nuestra propia pieza porque esa ya la habíamos hecho y además no estaba enamorado de su parte literaria. Ksenia dijo que le gustaría tocar el Concierto para piano y violín de Schnittke. Lo escuché cientos de veces y pensé en combinarlo con el fragmento de una novela de Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas, una parte específica titulada Informe sobre ciegos. Hice la adaptación y presentamos la obra durante un año, hasta que Ksenia dejó el mundo de la música clásica para formar una familia en Brasil. La reemplazó Anastasia Terenkova, con quien trabajo ahora. Ella también es rusa y es una gran pianista.

-¿Cómo es trabajar con ella?

-Realmente disfrutamos trabajando juntos. Cuando arrancamos, empezamos a hablar sobre lo que podíamos hacer. Yo siempre había tenido la idea de adaptar el libro La literatura nazi en América porque me parecía un material muy afín a la música clásica. Cuando la pandemia comenzó, fue la primera vez que no trabajaba desde que tenía 9 años. Entonces me puse a adaptar ese libro. Por algunos inconvenientes, esa pieza se retrasó, así que pensé: “Primero haré El infame Ramírez Hoffman, que tiene un tono bastante diferente al resto del libro, y luego partiré de ahí y veré qué sucede”. Después de un año y medio de trabajo con Anastasia intercambiando música y texto, cambiando una pieza por otra y cortando prosa tanto en persona como por medio de mensajes de voz, estrenamos a finales de 2023 en Lisboa. Y, como prácticamente todas las piezas que hago, seguimos haciendo modificaciones. Es una obra en progreso.

«Crecí en el teatro y en los últimos veinte años le he dedicado gran parte de mi tiempo a realizar colaboraciones con música clásica en producciones que van desde lo teatral o la ópera hasta proyectos que combinan prosa y música», cuenta John Malkovich

-En este punto de su carrera, ¿qué lo impulsa a recorrer el mundo con una pieza teatral como esta?

-Ese es mi trabajo, ese es mi interés. Crecí en el teatro y en los últimos veinte años le he dedicado gran parte de mi tiempo a realizar colaboraciones con música clásica en producciones que van desde lo teatral o la ópera hasta proyectos que combinan prosa y música, como este. Es una forma que no existía y que encuentro muy interesante. Disfruto profundamente esa confluencia entre la música y la palabra escrita, esa forma en que ambos lenguajes se entrelazan.

-¿Es posible separar la obra del artista cuando uno cuestiona quiénes son como personas?

-Las personas son producto de todo lo que las rodea: el año en que nacen, el país, la lengua, la historia. Yo he actuado en cuarenta y siete países, a veces incluso en formatos que requieren traducción. Pero no me considero especialmente interesante como persona. Nunca he sido demasiado curioso respecto de mí mismo. Me interesa el trabajo que puedo hacer y explorarlo con mis colegas. No suelo ir más allá de eso. El resto queda fuera de lo que me compete.

-¿Qué opina de los artistas que hablan abiertamente de política o desafían a quienes están en el poder?

-Creo que está bien (“fine”, en inglés).

-¿Que es divertido? (“fun”).

-No, no, dije fine. Perdón. Que está bien (ríe). Aunque quizá para algunos también sea divertido hacerlo. Tal vez (vuelve a reír). En ciertos países no tiene nada de divertido, incluso puede costarte la vida. A mí me interesa trabajar sobre la condición humana. Esos intereses pueden estar relacionados con la política y verse afectados por ella, pero me interesan más los seres humanos y sus comportamientos.

Sobre Argentina: «Es un país hermoso, con música fantástica, una literatura fantástica, historias fantásticas, y una historia muy rica, variada y, a veces, muy difícil»

-Esta no es la primera vez que visita nuestro país. ¿Qué es lo que más disfruta de la Argentina?

-No la conozco bien. He venido algunas veces. Actué en Buenos Aires hace unos años con Anastasia, haciendo Informe sobre ciegos. También estuve en Mendoza. Esta vez solo estaremos en Buenos Aires, pero hay mucho para disfrutar. Es un país hermoso, con música fantástica, una literatura fantástica, historias fantásticas, y una historia muy rica, variada y, a veces, muy difícil.

-¿Y cómo llegó a la obra de Sabato? ¿La eligió usted?

-Hace muchos años me escribió una joven a la que nunca conocí. Fue antes de que las computadoras fueran de uso común. Me escribió porque quería hacerme unas preguntas para su tesis doctoral sobre una película en la que actué: La sombra del vampiro (Shadow of the Vampire). En un momento de nuestro intercambio me dijo: “Tiene que leer una novela llamada Sobre héroes y tumbas”. Yo no la conocía. Me la envió, la leí y me encantó.

-¿Qué encontró en esa novela?

-Me pareció una obra increíblemente brillante: humana, trágica, por momentos extremadamente graciosa. Y en especial me impactó Informe para ciegos, un texto muy famoso en la Argentina y bastante conocido en Sudamérica, aunque lamentablemente no tanto fuera del mundo hispanohablante. Me fascinó el comienzo y también el final, más vinculado con la fundación y la historia argentina, pero desde una perspectiva humana dentro de esa mirada histórica. Me parece que es una metáfora perfecta del mundo.

-¿Por qué?

-Fernando Vidal casi cree que los ciegos gobiernan el mundo a través de pesadillas, delirios, plagas, brujas, serpientes y todos los monstruos de la oscuridad. Yo también lo creo, aunque la referencia no sea literalmente a los ciegos. En realidad, alude a quienes verdaderamente gobiernan el mundo. Me parece una idea hilarante y paranoica, lo cual no significa que no tenga algo de verdad. Como decimos en inglés: que seas paranoico no quiere decir que no te estén siguiendo.

Sobre Piazzolla: «Es un compositor absolutamente espectacular»

-¿Se siente identificado con esa mirada?

-No soy afecto a las teorías conspirativas, ni me interesa tanto el establishment como para volverme paranoico respecto de él. He tenido la suerte de que, en general, me hayan dejado vivir mi vida y hacer mi trabajo como quise. Y nadie me ha matado todavía, así que he sido extremadamente afortunado, porque hay personas que no pueden decir lo mismo. De eso, en parte, trata esta obra.

-¿Sigue trabajando sobre el texto?

-Sigo haciéndola quince años después y todavía la amo. Incluso empecé a adaptar una primera parte adicional, que podría montar para Ana Stazinovic con algunas semanas o meses de trabajo y estudio. Debería hacerlo antes de “abandonar este mundo”, como decimos en inglés. Veremos si tengo tiempo. Y con respecto a Sabato, así fue como lo conocí.

-¿Qué lo llevó a elegir la música de Astor Piazzolla para esta performance?

-Su tono elegíaco. La sensación de pérdida, de belleza inmensa y, al mismo tiempo, de posibilidades y de olvido. Tiene algo hipnótico: puede impulsar una historia o reflejarla. Es un compositor absolutamente espectacular. También trabajamos con música de Leonid Desyatnikov, un compositor ruso contemporáneo que escribió tangos hermosos y sigue componiendo. Y hay barroco, música clásica moderna, piezas de Max Richter, de Lera Auerbach… Hay muchos climas musicales.

-¿Cómo dialoga esa música con el universo de la obra?

-En La literatura nazi en América muchos personajes están vinculados a una editorial ficticia llamada “El Cuarto Reich” en la Argentina. Sabemos que varios jerarcas nazis se refugiaron en distintos países de Sudamérica, y el libro los ficciona. Vamos a presentarlo en tres de esos países donde algunos de ellos vivieron parte de sus vidas. Pero el tono del libro no es estridente. Es elegíaco. Tiene la cadencia de un elogio fúnebre. Es un réquiem por el talento perdido. O, mejor dicho, por el talento desperdiciado.

-¿Desperdiciado en qué sentido?

-Son personas que podrían haber sido brillantes. Alguien capaz de escribir, a los quince años, una reseña lúcida sobre Montesquieu, luego pasar diecisiete años en una institución psiquiátrica y más tarde publicar un libro de setecientas páginas refutando a Sartre. No eran estúpidos, en su mayoría. Es un libro sobre seres humanos extraviados. Sobre vidas y talentos malogrados.

-¿Y qué conexión establece entre esos talentos desperdiciados y el tango?

-Para mí, el tango es una especie de primo de todo eso. Pero un primo sin desperdicio (sonríe). Es el talento realizado. No el que se arruina al servicio de una ideología onerosa -y hay muchas ideologías onerosas- sino el talento responsable. Siempre digo que el talento es un don. No pertenece del todo a quien lo posee. Uno es libre de desperdiciarlo, de no desarrollarlo, de no estudiarlo, de no comunicarlo. Pero, para mí -y no soy una persona religiosa-, el talento pertenece un poco a la humanidad entera, no solo al individuo. En cierto modo, en La literatura nazi en América los personajes creen que su talento les pertenece y que debe ponerse al servicio de una ideología. Yo pienso que el talento, en realidad, pertenece al mundo.

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